...Y los gatos tocan el piano

Cortar la cinta

19/08/2018

En la inauguración de un puente, una nueva vía o un local social municipal, ahí estará siempre el político de turno, descorriendo una cortinilla para mostrar la placa en la que se incluye su nombre, como si hubiera pagado la obra de su bolsillo. El conocido fenómeno de «cortar la cinta», con demasiada frecuencia, tiene como único fin ocupar el espacio que se pueda en la prensa al día siguiente y llegar a tiempo para los informativos de más audiencia en televisión.

«El viejo dicho de «pan y circo» ya es solo eso, un antiguo eslogan, porque la clase política es consciente de que a buena parte de la ciudadanía le basta y le sobra con el circo»

En la misma semana, se ha derrumbado un muelle en Vigo y un puente en Génova. Obras sobre las que parte de la ciudadanía había expresado sus reticencias por la falta de mantenimiento, pero ante las que los responsables públicos nada habían hecho. En ambos casos, además, hemos asistido al rifirrafe de culpas entre administraciones. En España, entre la autoridad portuaria y la alcaldía de la ciudad. En Italia, entre el Gobierno, la empresa concesionaria y la Unión Europea. La culpa siempre es de otro.

En Vigo, por suerte, no tenemos que lamentar muertes. No es el caso de Italia donde al menos una treintena de familias han perdido a sus seres queridos y cientos de ellas, ahora, perderán también sus casas porque la zona sigue comprometida.

El mantenimiento de las infraestructuras no es un asunto fácil de vender mediáticamente, ni siquiera en verano, cuando cualquier tema insustancial sirve para montar una noticia. Solo cuando se acercan las elecciones vemos girar a las hormigoneras y tapar los baches que hemos estado sufriendo durante meses e incluso años, entre comicio y comicio. En cambio, por poner ejemplos conocidos, gastar 300.000 euros en el Womad, un millón en el Festival de Música, medio en un festival de teatro y danza o subvencionar equipos deportivos profesionales parece, en términos de prestigio político, mucho más rentable que invertir, pongamos por caso, en modernos equipos de bomberos o en el transporte sanitario no urgente, por no hablar de equipamientos básicos en los barrios más abandonados o la atención a los más menesterosos. El viejo dicho de «pan y circo» ya es solo eso, un antiguo eslogan, porque la clase política es consciente de que a buena parte de la ciudadanía le basta y le sobra con el circo. Cuando llegue la catástrofe, que llegará, ya se apresurarán nuestros líderes a «ponerse al frente», con semblante serio y posando remangados para la foto, con la complicidad de los medios de comunicación que estarán ahí (siempre están ahí) para hacerles la foto.