Cuentos Chinos

Corruptelas con olor a formol

25/05/2018

Ningún miembro de la dirección nacional o de direcciones pasadas ha sido imputado en esta causa, y algunos acudieron al juicio como testigos, lo que acredita una absoluta falta de responsabilidad de los hechos juzgados». ¿Alguien se cree todo esto? Así fue la explicación que ofreció el Partido Popular sobre la sentencia del caso Gürtel, que condena a Francisco Correa, a 51 y 11 meses años de prisión, al extesorero del PP Luis Bárcenas a 33 años y 4 meses además de 44 millones de euros de multa y al PP a pagar una multa de 245.000 euros como partícipe a título lucrativo por su implicación en los primeros años de actividades de la trama. Un fallo judicial que no hace otra cosa sino ratificar lo que todos pensaban: el PP está podrido hasta el tuétano.

Además, la resolución dictada por la Audiencia Nacional mete el dedo en la llaga sosteniendo que el presidente del Gobierno español y máximo responsable del Partido Popular, Mariano Rajoy, no fue lo «suficientemente creíble» en su declaración como testigo el 26 de julio de 2017 en el juicio por el caso Gürtel. Como para esconder la cabeza y no asomarla jamás.

«España merece otra cosa alejada de corruptelas y olor a formol, está en juego nuestra dignidad»

España sigue siendo la vergüenza, no solo de Europa, sino de todos aquellos países que se hacen llamar mundo civilizado. ¿Por qué? Pues porque en una situación de lógica, coherencia, sentido común y demás adjetivos, los que mandan en nuestro Gobierno deberían dar un paso a un lado de manera inmediata sin agarrarse como un clavo ardiendo a argucias legales como la presentación de recursos o la justificación de que la sentencia sostiene que hubo «solo» una simple participación del partido político en esta trama a título lucrativo. Eso que algunos utilizan como escudo protector, es una demostración más de que ganaron dinero y lo utilizaron para las campañas electorales. Una desfachatez.

Es el momento ahora de que nuestra clase política demuestre altura de miras para que los corruptos se marchen de una vez y para que el resto, de un paso al frente y ejerza el papel fiscalizador que les corresponde. Es la oportunidad para que el PSOE lleve adelante, en la ejecutiva plenaria que ha convocado, la presentación de una moción de censura a Mariano Rajoy y que el resto de formaciones políticas que componen el Congreso de los Diputados, se adhieran a ella. Al menos, que se plantee esta cuestión como fundamental para que se discuta en el pleno si el Gobierno está legitimado o no para seguir representándonos. España merece otra cosa alejada de corruptelas y olor a formol, está en juego salvar la dignidad de nuestra clase política.