Corazón de cerdo

Admitir esa condición de economía 'low cost' en genérico no es necesariamente un desdoro

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La noticia científica del día de ayer fue el primer trasplante de un corazón de cerdo a una persona en Estados Unidos. Por más que busqué el dato, no encontré una información sobre qué pensaba el ministro Garzón al respecto, como tampoco di con la biografía del cerdo, para así conocer si se hizo mayor en macrogranja, en ganadería extensiva o en una pequeña finca particular. También me interesó saber cómo murió el cerdo, porque no creo q se abriera en canal voluntariamente para regalar su corazón.

Escribo lo anterior con evidente ironía porque creo que ha llegado un momento en que la dimensión que está adquiriendo la polémica a cuenta de las palabras del ministro de Consumo hay que tomarla con sorna. Ya dije en este espacio lo que pensaba sobre lo dicho por Garzón: impropio de alguien con su responsabilidad y propio de un ministro con una cartera vacía de competencias y que precisa de la polémica para recordar que existe. Pero, dicho esto, creo que el debate de fondo debe centrarse en el modelo productivo español, una reflexión que vale lo mismo para la ganadería, la industria, el turismo, la hostelería… Porque si hay macrogranjas, que las hay, es porque garantizan una producción de bajo coste que se impone en el mercado. Ese es nuestro denominador común como pais, y eso permite, en gran medida, que seamos un destino turístico de primer orden. Es verdad que tenemos sol y playa, pero no es menos cierto que somos baratos para esos millones de turistas de perfil económico medio bajo que nos eligen a mansalva, sobre todo en el caso británico.

Admitir esa condición de economía 'low cost' en genérico no es necesariamente un desdoro; lo que no tiene sentido es negar la realidad y después rasgarnos las vestiduras en cuanto aparecen ciertos conflictos. Los ejemplos de esto último sobran recientemente pero hay algunos sangrantes. Me quedo, por ejemplo, con las contradicciones como país cuando se activan las alarmas por los repuntes en la llegada de inmigrantes y después, como sucedió en pandemia, veíamos a sectores agrícolas desesperados porque no encontraban mano de obra para recoger la fresa.

Ese es el país que somos y tenemos que asumirlo. ¿Se puede cambiar? Sí. Pero no será fácil y tampoco barato. Como tampoco lo es salvar la vida de un ser humano con el corazón de un cerdo pero alguien tendrá que criar cerdos para sacrificarlos. Sospecho que no para que los cerdos sean felices y aspiren a una vida mejor sino para que no salgan corriendo cuando toque el momento de desventrarlos.