La arista

Contra el miedo y la histeria

29/02/2020
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El miedo es el peor enemigo de la razón, aunque sea una emoción primaria presente en prácticamente todas las culturas de la tierra. La crisis global del coronavirus ha activado de nuevo esa parte del cerebro que pone en marcha los mecanismos de supervivencia sin atender a razones y, desde esta perspectiva no es una temeridad sostener que el miedo está justificado y que terminemos robando mascarillas en los centros de salud.

Ahora bien, las conclusiones médicas sobre el Covid-19, las razones científicas, son casi unánimes: se trata de un virus más, tan respetable como los conocidos, que se une a la fiesta de la gripe, nuevo y más contagioso que los conocidos por la humanidad y que son los que anualmente mata a millones de personas sin que nos produzca escándalo alguno. En Canarias, hasta el 23 de febrero, habían muerto por gripe 24 personas y 775 habían sido hospitalizadas, de ellas 209 graves.

Lo único que no saben los científicos es cómo se expandirá, su velocidad, y la fecha en la que estará en el mercado la nueva vacuna que todos querremos para regocijo de las farmacéuticas.

A pesar de ello somos capaces de dar rienda suelta a nuestros sesgos racistas, ahora contra los chinos, a robar mascarillas y desinfectantes en los centros y a creer más los bulos, como los mensajes de voz de supuestas enfermeras. Los gobiernos cierran fronteras, construyen macro hospitales y gastan miles de millones en controlar la pandemia. Los inversores se retraen, caen las bolsas, se paraliza el comercio y los macro números de la economía mundial se desestabilizan.

«Canarias es una de las regiones económicas del planeta más vulnerables al coronavirus. La foto del hotel de Adeje acordonado dio la vuelta al mundo civilizado, aquel del que vienen los turistas»

El miedo sirve para sobrevivir, es un mecanismo adaptativo, y quizás por eso la emoción más manipulable en la sociedad moderna. El bulo es más poderoso que la certeza, los medios hacemos nuestro agosto, los políticos aprovechan el caos para su autopromoción y Trump y Putin para estrangular las economías de la competencia. China es la gran fábrica del mundo paralizada por una nefasta gestión de control de la epidemia en su foco principal. Un perfecto caldo de pescado que permite a Estados Unidos y Rusia conseguir objetivos imposibles en sociedades fuertes. Más que las consecuencias para la salud, el coronavirus podría acabar con la poderosa nación y su expansión económica por todo el mundo. Occidente la ha puesto en cuarentena y procurará que la crisis sea duradera. El miedo funciona como arma de manipulación.

Nuestros gobiernos, los más cercanos, actúan de forma más civilizada. Sólo los arrastran localismos sin importancia, y es de agradecer que se haya impuesto la responsabilidad frente al personalismo o el afán de protagonismo. Aplican protocolos, ponen los medios necesarios para evitar los contagios, informan puntualmente de la situación y se dejan llevar por la necesidad de primar el servicio público, pero sobre todo tratan de que la región no se vea arrastrada por la histeria colectiva. Canarias es una de las regiones económicas del planeta más vulnerables al coronavirus. La foto del hotel H10 de Adeje acordonado dio la vuelta al mundo civilizado, aquel del que vienen los turistas que sostienen gran parte de nuestra economía. La foto fue portada de los medios británicos, uno de nuestros principales proveedores, inmersos también en el lío del brixit y contribuyó al miedo que recorre el planeta, el que puede paralizar la decisión final de si ir o no de vacaciones a Canarias, ahora que estamos en plena campaña de Semana Santa. Ahí es dónde está la tarea titánica de Canarias, en lograr que los efectos de la histeria nos afecte lo menos posible.