Como si no fuera con nosotros

Cien españoles fallecidos en Afganistán en estos 20 años de misión fallida merecen algo más

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

En Francia, el presidente Macron se dirigió a la nación para exponer su posición ante los acontecimientos que se precipitaban en Afganistán; en Alemania, Angela Merkel hizo otro tanto, valorando no solo la cuestión talibán sino los efectos sobre una migración masiva que pudiera acabar en suelo europeo; y en Londres ya hubo sesión parlamentaria urgente y monográfica. ¿Y en España? Pues después de mucho esperar, sabemos que Pedro Sánchez se sentó ante una pantalla de vídeo y se hizo una foto. La versión oficial asegura que en la pantalla estaban los ministros implicados, con los que teóricamente estaba coordinando la respuesta española a un asunto en el que se mezclan cuestiones diplomáticas, de seguridad, humanitarias y también migratorias.

La comparación con otros líderes europeos no deja en buen lugar a Sánchez. Pero no es el único. El ministro de Asuntos Exteriores tampoco ha dado la cara, como si esto no fuera con él, de manera que el único que ha comparecido públicamente ha sido Fernando Grande-Marlaska. ¿Y qué decir de Margarita Robles? La ministra de Defensa está, y perdón por el chiste fácil, desaparecida en combate. Y eso que hasta ayer mismo en Afganistán había tropas españolas, y eso que los aviones enviados de urgencia son militares... por no hablar de aquel desgraciado accidente del Yak, con casi medio centenar de militares fallecidos cuando retornaban del país asiático. Ya puestos, digo yo que en algún momento alguien deberá explicar si la inteligencia militar española tampoco vio venir el desastre que se avecinaba en Afganistán, máxime cuando desde que Trump habitaba en la Casa Blanca ya se sabía que los norteamericanos hacían el petate.

Cien españoles fallecidos en Afganistán en estos 20 años de misión fallida merecen algo más que una foto del presidente sentado ante un televisor. Como también el Congreso de los Diputados ha perdido una oportunidad extraordinaria para demostrar que por sus venas corre sangre. ¿O es que solo los parlamentarios británicos pueden alterar sus planes vacacionales?

Lo cierto es que en este mes de agosto hemos asistido a un hecho de gran relevancia geoestratégica a escala mundial y da la sensación de que somos espectadores. Como si no hubiésemos estado en suelo afgano, como si no hubiésemos mandado a hombres y mujeres a jugarse la vida para ayudar a construir un país mejor... Lo de Biden no tiene un pase pero lo nuestro, tampoco.