El Centro de Educación Especial Salvador Rueda pasa a llamarse Román Pérez Déniz / . JUAN CARLOS ALONSO

El colegio de Román

«Llenaría los callejeros de la ciudad con estos nombres y apellidos que lo dan todo por todos sin pedir nada a cambio»

David Ojeda
DAVID OJEDA

No conocí personalmente a Román Pérez Déniz. Sí que conozco a su hijo, Román Pérez González. Si algún día cruzo la puerta de la paternidad me gustaría que alguien hablara con tanto orgullo de mí como Román hijo lo hace de Román padre, porque no creo que pueda existir un mayor éxito en la vida que el de sembrar tanto amor en el corazón de tu familia. Pérez Déniz se fue apresuradamente y por sorpresa hace unos dos años. Y por estas cosas de la justicia póstuma, la semana pasada el Boletín Oficial de Canarias publicaba la aprobación de que el Centro de Educación Especial Salvador Rueda, en el que trabajó y dirigió muchos años, pase a llevar su nombre.

No conocí a Román Pérez Déniz personalmente pero sí conocí sus obras. Su trabajo en el ámbito de la docencia, su vocación de mejorar la vida de las personas a través de la educación y los distintos programas que desarrolló para llevarlo a cabo. Un esfuerzo por el que recibió distinciones como la medalla Viera y Clavijo o la Ramón y Cajal. Pero sobre todo el cariño de los que le trataron en el oficio y en la vida.

Me congratula y me reconforta que estos perfiles, a veces demasiado anónimos, reciban homenajes de este tipo. Personas que se vuelcan en lo que hacen sin el ego como combustible. Llenaría los callejeros de la ciudad con estos nombres y apellidos que lo dan todo por todos y no piden nada a cambio.

He visto políticos arrasados en las urnas por sus nefastas gestiones exigir reconocimiento y pedir cargos a modo de reverencia para despedir su carrera. Y también he visto a los demás arrodillarse y concedérselos. Prefiero un mundo lleno de ciudadanos como Román Pérez Déniz. O como Tito Martín, que en La Isleta afronta con más altura que los políticos la compleja situación de los migrantes. Tipos que no piden una calle pero la merecen.