Primera plana

Clavijo y su Miércoles Santo

10/04/2019
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Fernando Clavijo es el primer presidente de Canarias imputado. Cuando el Miércoles Santo se siente a declarar en el Juzgado de Instrucción número 2 de La Laguna será una imagen para la historia de la autonomía, la más deslucida. Y lo hará por delitos relacionados con la corrupción: prevaricación, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias. No esperen gran cosa. A buen seguro, no responderá a las preguntas del Ministerio Público ni de las acusaciones populares. Se limitará a lo justo para salvar el trámite, su trámite, cuanto antes. Un visto y no visto en el que intentará que el efecto de la Semana Santa mitigue el eco mediático del caso Grúas.

Sin embargo, esto va para largo y, por lo tanto, en condiciones normales la imputación sobre Clavijo persistirá. La jueza Celia Blanco no tiene margen de maniobra tras conocerse el informe de 70 páginas (merece la pena leerlo) de la fiscal Anticorrupción María Farnés Martínez en el que describe el modo y operación de Clavijo en el caso Grúas. Además, ya la jueza Blanco ha experimentado lo que supone que la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife le obligue a reabrir el caso e instruirlo debidamente cuando en un primer intento trató de obviarlo y pelillos a la mar. A estas alturas, la enjundia social y mediática del caso Grúas no tiene nada que ver al de sus inicios. Ya ha adquirido vida propia y conllevará un periplo procesal en el que iremos conociendo más detalles de la gestión lagunera de Clavijo.

«Dudo que la jueza Blanco restrinja u obstruya la actuación de la Fiscalía Anticorrupción. Y este es un elemento de peso para interiorizar la profundidad que tendrá el proceso judicial»

Eso sí, lo que no olvidará la sociedad canaria es cómo Clavijo ha intentado por activa y por pasiva y al precio que fuera que el caso Grúas quedase en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC). Se resistió a perder el aforamiento a pesar de que el nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias lo ha eliminado desde su entrada en vigor. Una táctica procesal de dilatar e interponer recursos, uno tras otro, en el que subyace que Clavijo siempre pensó que en el TSJC por alguna extraña razón lo tratarían mejor y a su entender era factible un apaño. Fracasó y ahora se ha percatado que el tiempo corre en su contra. Tanto que Ana Oramas teme pagar los platos rotos el 28 de abril y, de ahí, junto a la ratificación de las penas del Tribunal Supremo en el caso Las Teresitas, se encuentra un motivo más y sobrevenido para entender las prisas que de repente le han surgido a Clavijo.

Dudo que la jueza Blanco restrinja u obstruya la actuación de la Fiscalía Anticorrupción. Y este es un elemento de peso para interiorizar la profundidad que tendrá el proceso judicial. El documento de la fiscal Farnés Martínez, insisto, constituye un antes y un después al que Blanco no puede darle carpetazo. Clavijo declarará, por fin, porque no le queda más remedio. Ya era hora.