Primera plana

Clavijo y Sánchez

13/01/2019

No hay que hacer demasiados números para percatarse que Canarias ha pasado a un segundo nivel para La Moncloa. Es una cuestión de aritmética parlamentaria: el diputado número 176 ya no es el de CC ni el de NC. Esto funcionaba con Mariano Rajoy que necesitaba a ambos para aprobar las cuentas aunque fuera por la mínima. Y entonces la cosa funcionaba para las islas. Salvando las distancias, por la propia enjundia del problema más que nada, Cataluña es para Pedro Sánchez lo que Canarias era para Rajoy. Este escenario favorable para el archipiélago se evaporó, por lo tanto, con el triunfo inesperado de la moción de censura donde Pedro Quevedo se sumó a la mayoría natural de la lista en la que participó y Ana Oramas acabó por abstenerse en vez de votar en contra cuando ya veía que el PNV le daba el carpetazo a Rajoy y no había nada que hacer. Oramas quiso venderlo como un gesto hacia el nuevo presidente del Gobierno por aquello de empezar bien, pero era un cambio consumado en el sentido del voto que incluso Sánchez ni valoraría.

«Mentar Cataluña hoy por hoy, y sin un nacionalismo canario unido, favorece a Ciudadanos»

Fernando Clavijo ha tardado en armar el frente nacionalista hacia Madrid. Es ahora cuando abandera, a poco de las elecciones y cuando cunden los nervios, lo que tenía que haber sido una línea de actuación permanente desde que fue investido en 2015 como jefe del Ejecutivo. Nunca hubiera estado de más. Un obrar político que requiere del concurso de otros y también de complicidades mediáticas que precisamente obvió durante mucho tiempo. Los cantos de sirena de reunificación o confluencia del nacionalismo canario, hoy más que oportunos, tendrían en la actualidad mayor coherencia y consistencia ideológica.

Clavijo debe desempeñar su papel pero con el cuidado de no sobrepasarse en sus críticas a Sánchez a cuenta de Cataluña. Por supuesto, Canarias no debe pagar el precio de contentar a los soberanistas catalanes. Pero tampoco Clavijo debe hacerle el juego a Ciudadanos. Porque mentar Cataluña hoy por hoy, y sin un nacionalismo canario unido, favorece a la formación de Albert Rivera que precisamente en Tenerife, feudo de CC, podrá obtener escaños con el nuevo sistema electoral que rebaja los topes al 4% regional y 15% insular. Y justo en Tenerife tiene Clavijo abierto el frente del caso Grúas y el escándalo que ha montado Carlos Alonso al comprarle al constructor Antonio Plasencia el edificio para el Instituto de Atención Social y Sociosanitaria (IASS). Una construcción en un enclave privilegiado de Santa Cruz de Tenerife que hace pensar que estaba destinado para la inversión de lujo y no para una operación de uso social en el último momento en el que siempre el IASS podría conseguir otros muchos sitios a precios más económicos.

Este intervalo dialéctico intenso de Clavijo con La Moncloa, en el que Sánchez está callado, puede que finalice después de las elecciones de mayo. A fin de cuentas, alcanzar los 36 diputados en el Parlamento que se conformará será tarea difícil. Y la fórmula de entenderse entre CC y PSOE es útil para desatascar potenciales bloqueos. Clavijo y Ángel Víctor Torres gobernarían rebajando la tensión con Madrid. Al menos, hasta que Sánchez convoque elecciones.