Opinión

Clavijo, acorralado

13/12/2018

No advirtieron a Fernando Clavijo. Ningún asesor, correligionario suyo en CC con trienios o él mismo supo ver cómo se metía en un callejón sin salida con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias y, por consiguiente, la pérdida del aforamiento en el caso Grúas. ¿Fuego amigo? Lo dudo. Jugó a hombre de Estado, a tener en su hoja de servicios la distinción de ser el presidente con el que entró en vigor la norma fundamental básica, y ha sido contraproducente. A veces suceden absurdos políticos.

Podemos pensar incluso en teorías de la conspiración. Que las prisas que le entraron a Clavijo para que el trámite en el Senado fuese rapidito lo vio como una oportunidad Asier Antona. Y que este facilitó todo lo que tocaba con Pablo Casado que, a su vez, en Madrid con otros menesteres, ni se percataría de los asuntos domésticos canarios. A buen seguro, Antona desconocía lo que implicaba para Clavijo y solamente era una manera de estrechar lazos políticos después de la entrega en manos del PP de las autoridades portuarias de Gran Canaria y Tenerife y en aras de entenderse tras los comicios de mayo de 2019. Sin embargo, de repente todo cambió. Y a solo unos días de la publicación del Estatuto de Autonomía en el BOE todo el mundo (también Clavijo) se dio cuenta de lo que esto suponía.

«Garrido y los fiscales no son abogados del Estado ni mucho menos los gobernadores civiles»

Puede que Clavijo estuviera confiado con la actuación de la Fiscalía en tiempos de Mariano Rajoy. Que creyese que en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) la cosa no pasara a mayores. Que además supuestamente el fiscal jefe del TSJC Vicente Garrido recibiría las instrucciones pertinentes desde Madrid. Y que prosperase la moción de censura de Pedro Sánchez alteró la postura adoptada previamente en la capital del reino para disgusto de Clavijo. Quiero pensar que no es así como tampoco lo es que ahora Garrido vaya en su contra: el victimismo o los supuestos enredos que esgrime la defensa de Clavijo es mala táctica. Garrido y los fiscales no son abogados del Estado ni mucho menos los gobernadores civiles de antaño. Esto le hace un flaco favor a Clavijo porque intentar esquivar la pérdida de su condición de aforado trasluce que está nervioso. Si fue limpia su actuación le debe ser igual el órgano judicial en el que resida la causa. Y si fuese investigado (el imputado de siempre) el rédito electoral lo aprovechará la oposición de todos modos. ¿Qué piensa hacer CC? Nada. Es plato de mal gusto decirle al jefe del Ejecutivo (que nombra y cesa) que debe apartarse. ¿Quién le dice al rey que está desnudo? En el Juzgado de Instrucción número 2 de La Laguna el proceso se embarrará, le están esperando, y no cabrán atajos.