Primera plana

Cataluña y el mediador internacional

08/02/2020

El mismo día en que se reunían en Barcelona Pedro Sánchez, que fue recibido con todos los honores, y Quim Torra, por la tarde el Parlamento catalán aprobó una moción (con el respaldo de JxCat, ERC y la CUP y la abstención de Podemos) a cuenta de la necesidad de que la mesa de negociación entre los gobiernos que ahora arranca disponga de un mediador internacional. Subrayo: la misma jornada y en sede parlamentaria. Es decir, todos los pasos están medidos en el tablero político. Y salvo que resulte un farol, que al plantearse tan pronto de cara a la negociación inminente pues no lo parece, esto puede desencajar por completo a Sánchez.

En la lógica soberanista, tiene sentido contar con la figura del relator o mediador internacional. Sobre todo, a medida que la negociación vaya avanzando. Para Torra, que contará con el apoyo no solo de JxCat sino asimismo de ERC y la plataforma civil por la independencia de Cataluña, es la forma de asegurarse que aquello que el Ejecutivo del PSOE y Podemos acuerden con el Gobierno catalán, se ponga negro sobre blanco como garantía de que se lleve a cabo. Que el documento que salga de la mesa de diálogo (que recordemos que debe ser votado en Cataluña) gozará para el bloque soberanista de mayor congruencia de cara a su electorado.

Es más, para Torra y Carles Puigdemont el que no concurra el mediador internacional puede ser la herramienta solapada de Sánchez para cargarse esta vía pasado un tiempo. Si resulta que la negociación fracasa, un riesgo evidente, ¿quién tendrá la culpa o cómo quedará retratada cada una de las partes ante la opinión pública? Por eso la presencia de un tercero impide que, de venir mal dadas, el PSOE manifieste cosas opuestas a lo que realmente sucedió en la sala de reuniones. Por lo tanto, esa especie de árbitro o notario que atestigüe el desarrollo y los contenidos, opera como un seguro y garantía que, en última instancia, no queme políticamente a los líderes independentistas frente a su público.

No obstante, para el PSOE admitir que haya un mediador internacional le causa verdaderos estragos. Recordemos que la concentración de las derechas en la plaza de Colón de Madrid fue justo porque La Moncloa anunció que recurriría a un relator. Así pues, una reacción y escena similar puede repetirse. Aquello precipitó el final de la legislatura, que estaba cantada fruto de la debilidad parlamentaria de Sánchez una vez digerida la moción de censura. En esta ocasión lo importante será cómo evoluciona el compás de espera hasta que Torra se decida a ponerle fecha a la cita con las urnas en Cataluña. Ese día a marcar en el calendario ya lo sabrá el círculo de poder de JxCat mientras que ERC aguarda al desenlace con la obligación de que previamente no cometa grandes errores para, llegado el momento oportuno, y si es que ganan los comicios, puedan elegir entre un tripartito (con la Presidencia para ERC) o tengan que seguir de la mano con JxCat. Con todo, la exigencia del mediador internacional tendrá Sánchez que afrontarla este mismo mes. Y no le será plato de buen gusto.