Papiroflexia

Canerife

08/03/2018

Canerife o Tenerarias (aún por decidir) es ese mundo ideal que rivaliza con el mediterráneo Tabarnia y que ronda en la cabeza de algunos por el Atlántico como aquel mito sumergido. Un mundo donde la supremacía de un pueblo se impone a los de su entorno por la prepotencia dictatorial de unos pocos y la inacción o complicidad de otros muchos palmeros. Atiende su máximo dirigente a las ideas sectarias de su coalición a pesar de que nunca ganó en las urnas. Quien aprobó la ley (electoral) aprobó la trampa.

Un dirigente que sin oposición real es capaz a las primeras de cambio de exiliar a sus aliadas y aliados, y estos, hipnotizados con promesas y pactos oficiosos, dejan hacer y deshacer mientras miran la televisión. Torres más altas han caído...

«Ese mundo irreal existe, es la expresión de un nacionalismo rancio y excluyente»

Solo uno osó cuestionar el poder establecido en Canerife, pero se puso la máquina propagandística en marcha en forma de promesa catódica para desacreditarlo en la provincia. Y es que reclamar equidad se minimiza como un viejo pleito en Canarife, cuando en realidad solo se solicita lo justo. Nadie puede cuestionar la supremacía sin salir indemne. Otros bravos, con mayúsculas y todas las letras, cuestionaron no hace mucho el poder en minoría sin el aval de las urnas, pero están dispuestos a plegarse a cambio de un puestito de bufón de la corte. El dicho aconseja que si no puedes con tu rival, únete por Canerife.

Ni con grúa se desaloja al mandamás de la poltrona. Nunca tuvo tanto poder de convicción un dirigente de Canerife, a pesar de que su mandato solo se sustenta gracias los apoyos de las tierras lejanas y minoritarias. Canerife existe, es la expresión de un nacionalismo rancio y excluyente que se impone desde hace décadas por el bien de unos pocos. Un poder heredado sin urnas que fomenta las diferencias.

Canerife es un mundo irreal con problemas muy reales: con desequilibrios poblacionales y problemas sociales que, unidos a la grave crisis económica de los últimos tiempos, producirán resultados imprevisibles en un futuro no muy lejano si no hay un cambio.

Y si el poder de las urnas no es suficiente por culpa del reparto de las migajas, las influencias de los poderes fácticos y la complicidad de hombres y mujeres de paja de los territorios más lejanos, habrá que salir a la calle como hicieron hace unos días los ciudadanos de Tabarnia, hartos de que los de siempre, sin un apoyo mayoritario que los legitimen, gobiernen para unos pocos.