Burkineses, no; ucranianos, sí

Otra cosa es que Burkina Faso se encuentre más cerca de Canarias que Ucrania

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Según Josep Borrell, la cara visible de la diplomacia de la Unión Europea (o eso dice su cargo), Occidente se enfrenta al momento más delicado desde las peores crisis de la Guerra Fría. Y si Rusia invade Ucrania, el mundo cambiará, apunta desde Washington el presidente Biden. Casi a la misma hora en que ambos advertían de la gravedad de la situación, en Burkina Faso, un país africano que casi nunca sale en los telediarios, los militares daban un golpe de Estado.

Las comparaciones son odiosas, por supuesto, y más si nos ponemos a hacerlo con peras frente a manzanas. Ucrania tiene 41 millones de habitantes, es un país estratégico por su proximidad a lo que siempre conocimos como Europa y su vecindad con lo que siempre fue la Gran Rusia. Por contra, Burkina Faso está en África y a la gran mayoría nos cuesta acertar a la hora de señalar en el mapa su ubicación, tiene la mitad de población de Ucrania y, para más inri, es bastante más pobre: vive de la agricultura, una actividad que sufre los estragos del cambio climático.

Está claro que a Occidente, entendiendo como tal Estados Unidos, Francia, Alemania, el Reino Unido y en su conjunto la UE, lo que pase en Burkina Faso les interesa entre cero y menos dos. Otra cosa es que Burkina Faso se encuentre más cerca de Canarias que Ucrania (2.200 kilómetros frente a 5.600) y que cualquier episodio de inestabilidad política en África tenga al final consecuencias directas en los movimientos migratorios, esas mareas humanas que intentan dar con una salida por el norte o, como se está viendo últimamente, en la peligrosa ruta oceánica que tiene a Canarias como primera escala en el sueño de un vida medianamente digna.

Por los ucranianos se movilizan la OTAN, se alteran las agendas de las cancillerías europeas, se mueve con diligencia la ministra Robles mandando barcos, aviones y ya solo falta que también la cabra de la Legión... pero los burkineses son como personas invisibles. Será cuestión de que pase lo que inevitablemente va a suceder: otro país fallido en esa tierra de nadie que es el Sahel, donde el yihadismo campa a sus anchas. Es más o menos la historia de Afganistán durante años... y recordemos lo que pasó: Occidente solo miró hacia aquel país árido el día que unos tipos afincados allí, escondidos entre cuevas perdidas, decidieron dar un golpe terrorista en pleno corazón del Primer Mundo.

Por si fuera poco, en Burkina Faso, como en otros países africanos, la vacunación contra el coronavirus covid-19 está en mínimos. Pero se ve que en Occidente nos da igual. Ahora todos vamos a defender a Ucrania. ¿Y los burkineses? Allá ellos.