Café para todos

Braulio, feminismo y postureo

Lo que nació como una broma, de mal gusto, dicho sea de paso, se convirtió en una caza despiadada hacia el conocido cantante grancanario, que pecó de novato en esto de mezclar humor y redes sociales.

Resulta que Braulio también se sumó a la fiesta de la nieve en la cumbre de Gran Canaria, y pensó que contar un chiste casposo y de barra de bar sería una buena idea. La reflexión en cuestión era la siguiente: «El Ayuntamiento de Guía ha dispuesto de jóvenes enfermeras para que acudan a los domicilios de caballeros maduros que vivan solos para ayudarles a calentar el catre en estas gélidas noches. ¡Lo que me estoy perdiendo por estar tan lejos!». Lo dicho, un “chiste” fácil, fuera de lugar, prescindible, y criticable. Hasta aquí estamos todos de acuerdo.

Ahora bien, tras él, llegaron multitud de respuestas salvajes, desde llamándolo “machista violento”, hasta por pedir, le pidieron la cárcel, entre otras lindezas. Y eso es igual o mucho más criticable que su inoportuno chiste. No todo vale. No se puede ser sospechoso por el simple hecho de ser hombre, ni se puede incriminar a nadie por un chiste de mal gusto. Porque los límites, hay que ponerlos en todos lados. Esas mujeres y esos hombres que insultaron y lapidaron a Braulio no tienen defensa alguna, aunque no sea un tema de esos absurdamente llamados políticamente correctos. No hay que cargarse al cantante para defender a la mujer. El feminismo es un movimiento digno, necesario y respetable, pero el radicalismo, sea de donde sea, y venga de donde venga, es detestable.

«Porque los límites, hay que ponerlos en todos lados».

Y el postureo, algo tan arraigado a la actual sociedad, de una precariedad intelectual de dimensiones colosales, es un mal que debemos evitar. No se puede ser feminista por ser guay, ni se puede desear lo peor del mundo a un señor que erró. Llamemos a las cosas por su nombre, sin miedo. No conviene convertir esto en un conmigo o contra mí. No es ninguna guerra.