Un martes cualquiera

‘Billy el Niño’ merece ser conocido

11/02/2020
ETIQUETAS:

Eficiente labor llevada a cabo en actividades estudiantiles», «detención de 25 miembros de la Comisión Coordinadora Estudiantil en una reunión ilegal», «desarticulación del aparato de propaganda del FRAP»... Estos son algunos de los muchos méritos que acumula el extenso historial de Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño. Un agente que durante el franquismo protagonizó una carrera meteórica gracias a la violencia y esquizofrenia demente con la que trataba a los detenidos. Porque en aquella época, la brutalidad era indicativo de un trabajo policial bien hecho.

«Bien el Gobierno por criminalizar la exaltación al Franquismo, pero ahora toca hacer pública la hoja de servicios de este torturador condecorado»

Fue un visionario, un pionero y sus técnicas tenían nombre propio. Con El pasillo, el detenido tenía que pasar entre dos filas de agentes mientras recibía golpes con porras, vergajos y puños americanos. Un hombre enfermo este Billy que aún puede presumir de sus condecoraciones y al que le gustaba poner en práctica experimentos que probablemente sacaba del cine de la época. Me refiero a cuando le daba por esposar a las víctimas por las muñecas delante de los tobillos para dejarles expuestas las nalgas, genitales y plantas de los pies y poder golpearles con facilidad. Tirando de su infalible imaginación bautizó como Saco de golpes a los puñetazos y patadas repetidas en el cuerpo de sus víctimas que descargaba con movimientos y gritos copiados del kárate y las artes marciales. Y voy a terminar con La bañera, en la que introducía la cabeza de los desgraciados que caían en sus manos en aguas sucias y nauseabundas hasta casi ahogar al detenido. Lo hago por no resultar cansino, y no porque no hubiese más vejaciones con sello propio. Pacheco podría escribir un libro sobre esto.

Este es el historial de un hombre que, 45 años después del fin de la dictadura, sigue disfrutando de los privilegios que durante los años del franquismo se ganó a base de una violencia y crueldad desorbitadas. De ahí la importancia de la petición de Bildu de que el Gobierno haga público el expediente de actividad del expolicía, que obtuvo un patinazo monumental de Podemos con su negación inicial a que así se haga. Que se opongan Vox, PP o Ciudadanos entra dentro de la hoja ruta, pero el grupo morado siempre ha mostrado sensibilidad con estos asuntos. Por eso fue lógica su rápida rectificación haciendo énfasis en que no se vulneraría el derecho civil de nadie por hacer público la hoja de servicios de un funcionario. Ellos ya entraron en razón, ahora queda que lo haga un PSOE que acaba de anunciar que se tipificará como delito la apología y exaltación al franquismo con el nuevo código penal. Una normativa que hace mucho debería haberse implantado y que refuerza la importancia de la Ley de Memoria Histórica, esa que algunos pretendían eliminar pero que el nuevo Gobierno empleará para ir corrigiendo las secuelas sin resolver que dejó la dictadura en España. Lo siguiente debe ser situar donde corresponde a un torturador como Billy el Niño. Sus víctimas lo merecen.