Amenaza. / EFE

Entre balas y piedras

«Cuatro décadas después veo situaciones que me retrotraen a los días difíciles»

José Ramón Sánchez López
JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ LÓPEZ Arrecife

De chico, a finales de los 70, a diario paseaba por la entonces calle José Antonio Primo de Rivera en Arrecife cuando iba al colegio. En la pared de un solar que acoge desde hace años un edificio de varias plantas, de la que ahora es calle Manolo Millares, había una frase rotunda bien grande a lo ancho: «Facha te jodes, porque tienes el corazón a la izquierda».

Con 10, 11 o 12 años que uno debía tener por entonces, de primeras reconozco que poco caso le hice. Pero cuando fui observando cómo fueron apareciendo tachones y mensajes de réplica (creo recordar un muy contundente «Rojos al paredón»), me atreví a preguntar en casa qué pasaba. Tuve la suerte de disfrutar de una lección aséptica de los acontecimientos recientes de la historia de España, recibiendo entonces mi primera lección sobre hasta qué punto aún pervivían efectos y consecuencias de la Guerra Civil.

Han pasado 90 años de la proclamación de la Segunda República y 82 desde que Franco se declaró vencedor del conflicto que se llevó por delante cientos de miles de vidas. Hubo que esperar al Contubernio de Múnich, en junio de 1962, para sentar las bases con las que hacer posible la reconciliación nacional. Y hubo que esperar a la muerte del sátrapa, en noviembre de 1975, para dar inicio al camino el encuentro.

Pese a ser un niño y en una localidad alejada de los centros de poder, durante los años de la transición no fui ajeno a la tensión política propia de unos tiempos donde la democracia estaba por consolidar.

Cuatro décadas después veo situaciones que me retrotraen a los días difíciles. Normal, con políticos incapaces de condenar que algunos adversarios reciban amenazas de muerte en sobres conteniendo balas reales; o con dirigentes capaces de dar por bueno que las piedras valen como argumento. Lógico que Pandora se sienta en la gloria.