Efectos de inundaciones en Arrecife a comienzos de 2021. / CARRASCO

Aspirantes para Arrecife

«En las listas abundarán, presumo, personas conocedoras de las muchas problemáticas aún pendientes, capaces de hacer frente a los nuevos retos que dificulten la vida en comunidad y conscientes de los valores a resaltar. Pero hará falta más, según el territorio»

José Ramón Sánchez López
JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ LÓPEZ

Ya están los partidos en plena configuración de planchas con vistas a los comicios locales. El tiempo apremia y mayo está a la vuelta, con permiso de Santa Teresita de Jesús, hoy mediante; Virgen del Pilar, San Andrés y los mismísimos Reyes Magos. Por lo general, en las listas abundarán, presumo, personas conocedoras de las muchas problemáticas aún pendientes, capaces de hacer frente a los nuevos retos que dificulten la vida en comunidad y conscientes de los valores a resaltar. Pero hará falta más, según el territorio.

En el caso de Arrecife quien opte a un acta ha de tener bien claro varios aspectos cruciales. Son elementos imprescindibles, vistos los antecedentes de años y años previos.

Primero. Tener en casa un buen par de botas de agua, que lleguen a ser posible hasta las rodillas, para cuando las alcantarillas salten. Es común en cuanto el cielo despacha cuatro gotas gordas, circunstancia que acontece un mínimo de tres a cuatro veces cada doce meses.

Segundo. Tener muy mala memoria, pero que muy mala. Así, resultará más sencillo torcer la cara cuando la ciudadanía caiga en la cuenta de que sigue aguardando por soluciones para la Rocar y Ginory. También valdrá para justificar la ausencia del Palacio de Congresos. Y servirá para dejar sin habla a cualquiera que no se crea los esfuerzos para hacer de la ciudad un lugar amable para el viandante, con abundancia de aparcamientos, lleno de vida comercial al aire libre y con una excelente red de transporte público.

Tercero. Tener el rostro granítico y saber, a la vez, pedir perdón. Ambos factores, cruciales para parecer que se labora, sin hacerlo. Verbigracia, cuando alguien aluda a la espera de los vecinos desalojados en 2009 de sus casas en Titerroy.

Con estos tres puntos y algo de cosecha propia, de sobra para pedir alegremente el voto como si nada.