Asesinar por unos pocos euros

«Los asesinos fueron tan chapuceros e inútiles que ni siquiera encontraron el dinero del botín»

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

Durante esta semana se ha venido celebrando en la Audiencia Provincial de Las Palmas un juicio con jurado popular en el que se sentaban en el banquillo cinco personas acusadas de haber acabado con la vida del ciudadano italiano Davide Fervorini en un alpendre abandonado de Barranco Seco en el año 2018. Uno de los asesinatos más escabrosos cometidos en los últimos años por lo espeluznante del presunto relato de los hechos como por la frialdad con la que se actuaron los encausados. Valga por delante que aún está vigente la presunción de inocencia hasta que, en próximas horas, el jurado haga público su veredicto y declare culpables o no culpables a los investigados, pero las pruebas practicadas en el plenario durante estos días ofrecen, cuanto menos, muestras de lo poco que vale una vida para aquellos que se dedican a la delincuencia como medio habitual de vida.

En este caso concreto de Davide Fervorini, los cinco integrantes de la banda que decidió asaltarle lo hicieron por un supuesto botín de 8.500 euros que es lo que había cobrado tras traspasar el club de Cannabis Ola Verde –de la calle Juan Rejón– que regentaba hasta ese fatídico 11 de septiembre de 2018. Esa suma, dividida entre los cinco asaltantes, tocaba a 1.700 euros cada uno que se convirtieron en cero puesto que fueron tan chapuceros e inútiles que ni siquiera encontraron el dinero cuando entraron a robar la casa del italiano tras asestarle una paliza mortal. Fue la policía la que, tiempo después, halló dicho montante en efectivo en una caja de colonia dentro de un casco de moto. Adonay, Sophia, Rubén, Alejandro y Wilson están siendo juzgados por acabar con la vida de una persona de forma cruel y dantesca y su único botín fueron varias plantas de marihuana, un televisor, una barra de sonido, un reloj Casio y las hamburguesas que se comieron en el McAuto de Telde después de cometer tal salvajada y que pagaron con los 100 euros que quitaron de la cartera de la víctima. Así, sin más. Uno de los crímenes más brutales cometidos en los últimos años en Canarias tuvo como principal móvil el robo de plantas de marihuana, una tele que vendieron y no se repartieron el dinero y una cena en el McDonald’s. Ese es el fiel reflejo de nuestra sociedad, personas que atentan contra la vida ajena porque sí, careciendo de conciencia y pensando que son impunes a la acción de la Justicia. Aún pendientes del veredicto del jurado, cinco personas se juegan entre 25 y 34 años de cárcel y otro más cuatro por traficar con drogas. Seis vidas tiradas a la basura por imbéciles, aunque al menos la conservan. El pobre Fervorini no puede decir lo mismo: se busca culpables.