Editorial

Soluciones en inmigración

16/02/2020

La visita el pasado jueves del ministro del Interior. Fernando Grande Marlaska, a Gran Canaria para abordar el repunte migratorio sirvió más para hacer una exposición de conjunto del problema que para encontrar soluciones concretas en las declaraciones del representante del Gobierno central. Hizo bien Grande Marlaska en desplazarse a las islas y en escuchar la voz de las administraciones canarias y de las entidades implicadas en la atención a los inmigrantes, pero se echó en falta mayor definición de las medidas que adoptará el Estado, que es el responsable por cuanto estamos hablando de un asunto que afecta al control de fronteras.

«Ángel Víctor Torres acertó al volver a plantear esta cuestión a Pedro Sánchez»

Las cifras vuelven a evidenciar la necesidad de soluciones por vía de urgencia. Más de un millar de inmigrantes en apenas mes y medio de este año 2020 coloca a las islas ante un desafío que no se resuelve desde la improvisación. Menos aún si esa cantidad sigue en aumento y si los estados desde donde salen pateras y cayucos no colaboran activamente en la lucha contra las mafias. O al menos no lo hacen con la intensidad de años precedentes.

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, acertó ayer al volver a plantear esta cuestión de Estado a Pedro Sánchez, aprovechando para ello la coincidencia en la reunión del Comité Federal socialista. Torres vuelve con la promesa de que habrá medidas inmediatas, que necesariamente deben pasar por ese doble eje que obliga a actuar a los dos lados de la frontera marítima: aquí, garantizando medios para atender a los inmigrantes que llegan y allí, en el litoral africano, cooperando para atajar ese flujo irregular y, sobre todo, contribuyendo al desarrollo de esos países, de forma que que nadie tenga que arriesgar la vida en una travesía incierta.

Sobre lo primero, es de justicia hacer un reconocimiento a la labor que están haciendo las organizaciones no gubernamentales que atienden a los inmigrantes a su llegada. Y en especial a Cruz Roja, que presta los primeros auxilios a pie de muelle cuando se trata de personas evacuadas o en cualquier lugar de nuestras costas donde aparezca una embarcación. La entrega de sus voluntarios y la dedicación de sus coordinadores y directivos es digno de aplauso, como también lo es el de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que trabajan a destajo en cuanto reciben una alerta sobre la llegada de una patera o un cayuco. Sin los unos y sin los otros, el recuento de muertos en el Atlántico sería mucho mayor de lo que desgraciadamente ya es.