La arista

Un éxito para la democracia

13/01/2018

Si, finalmente, se produce el acuerdo para la reforma electoral rompiendo la triple paridad, bajando topes y dando más representatividad a los canarios en el Parlamento, habremos ganado una importante batalla a los inmovilistas y vividores de la democracia. Es una decisión a la que hay que esperar que se sume Coalición Canaria, hasta ahora, el partido más resistente a cambiar el régimen establecido en la Transición, la triple paridad, que le ha permitido mantenerse en el poder durante más de 30 años.

El actual sistema es un rémora democrática que abre situaciones esperpénticas, como la que vive Canarias en esta legislatura. La primera disfunción, de escasa razonabilidad democrática, es que las elecciones las gane en el Parlamento un partido que no representa a la mayoría, que queda en tercer lugar en votos. Las últimas elecciones celebradas en Canarias las ganó el Partido Socialista Canario, liderado por Patricia Hernández, con la friolera de 182.006 votos, pero sólo obtuvo 16 diputados. El PP, segunda fuerza política en Canarias, obtuvo 170.129, y el sistema le adjudica 16 diputados. En cambio, Coalición Canaria, con 164.468 votos, obtuvo 18 diputados, con los que en estos momentos sostiene todo el poder regional después de que Fernando Clavijo expulsara al PSC-PSOE y el PP decidiera no entrar en el Gobierno. Es decir, la mayoría de la representación de los canarios, el 75%, está en la oposición, mientras que el resto, un 25%, se lo lleva todo. Ciudadanos, por ejemplo, con 56.009 votos no logró ni un solo escaño, frente a la Agrupación Socialista Gomera, el partido de Casimiro Curbelo, que con 5.090 votos obtuvo los tres escaños con los que mercadea con Coalición Canaria beneficios para una sola isla.

Esa es la foto del momento en el que se cierran las urnas en Canarias. Y en esa instantánea van a la basura, directamente, un total de 144.159 votos, es decir, casi los mismos sufragios que sustentan a Coalición Canaria y su Gobierno.

Esos votos de ciudadanos que se han preocupado por ejercer su derecho y que terminan en la basura, es lo que se ha denominado “colegio de restos”, que, de la mano de Demócratas para el Cambio, ha logrado acercar partidos que querían imponer sus condiciones, como el PSOE con su lista regional.

«La democracia no es barata, cuesta dinero y el momento es propicio»

Es decir, una vez hecho el recuento con el sistema tradicional, se vuelven a repartir 9 diputados con los votos del colegio de restos, los que van a la basura, para incorporar a esos nueve diputados en representación de toda Canarias. Se trata de una propuesta que sustituye a la famosa lista regional del PSC-PSOE y evita una segunda papeleta y una segunda urna en las mesas de votación. El sistema no renuncia a la representatividad de todas y cada una de las islas, pero pone en valor el voto que va a la basura, especialmente en las islas más pobladas. Es aquí donde se rompe la triple paridad. La mayoría de los votos que se tiran proceden de Gran Canaria y Tenerife, lo que les otorgará mayor representación en el Parlamento.

Son varias las voces que se han levantado en contra de los 10 nuevos diputados que se incorporan y el gasto que supone para las arcas públicas. Se elegirán 9 por toda Canarias, del colegio de restos, y 1 por la circunscripción de Fuerteventura, la isla que mayor crecimiento poblacional ha experimentado.

La democracia no es barata, cuesta dinero y el momento es propicio. Aún no hay un cálculo presupuestario, pero tengo la impresión de que no mucho más que las cuchipandas que monta el Gobierno para endiosar a Clavijo en toda Canarias y convertirlo en una especie de holograma que aparece hasta en el baño de tu casa. Ese mismo Gobierno, que es el que tiene que proveer económicamente al Parlamento, no deja de presumir de lo bien que le van las cosas a nivel económico. La crisis de lo público está superada y el impulso democrático merece el esfuerzo.

«El actual sistema electoral es una rémora democrática que abre situaciones esperpénticas, como la que vive Canarias en esta legislatura»

A nadie se le esconde que los partidos políticos han hecho sus proyecciones sobre los datos de 2016 y que en función de los resultados estimulan una propuesta u otra. El PP se resiste a bajar las barreras regionales, del 6% al 3%, como proponen el resto de partidos, lo que significaría la entrada de formaciones políticas con menos peso y el riesgo de una mayor fragmentación en el Parlamento. Es discutible, pero aquí es donde entra la responsabilidad de cada uno de los partidos para saber ceder una parte de sus intereses en función del bien colectivo, de una mayor democratización de la vida política en Canarias y de la demanda de los nuevos tiempos en los que las cacicadas, aunque estén avaladas por un sistema de representación legal, no están a la altura de lo que se espera de la política y de los políticos.

Lo que sí parece clave es que el momento es el propicio, tanto a nivel regional como a nivel nacional. La debilidad de los partidos, la irrupción de nuevas formaciones y la política de pactos que ha marcado esta legislatura, favorece un acuerdo mayoritario que responda a la demanda de una gran parte de la ciudadanía, sobre todo la que vive en las grandes urbes, más conscientes del escaso valor que tiene su representatividad política, frente a el de los gomeros o los herreños.