Dos apuntes para cerrar la semana

Un día sí y otro también los ministros se llevan la contraria

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Impresentable. La capacidad del Gobierno de Pedro Sánchez para exhibir continuamente sus contradicciones roza lo inenarrable. Un día sí y otro también los ministros se llevan la contraria y se desautorizan en la plaza pública. Además, le han cogido el gusto a eso de filtrar medidas antes de que lleguen a la mesa del Consejo, en un intento de ganar apoyos y derribar oposiciones internas. El resultado es evidente: se lo están poniendo en bandeja al bloque conservador para sumar mayoría absoluta el día que haya elecciones, pues el desgaste es incuestionable. Cuando estábamos recién salidos de la crisis por la destitución de la ministra de Defensa, llega la disputa lamentable en torno a las bajas laborales por menstruaciones dolorosas: digo lamentable porque se supone que un Gobierno que se llama progresista y presume de feminista, debería evitar estas discusiones en los balcones que solo benefician precisamente a quienes articulan un discurso sobre los supuestos excesos de la lucha por la igualdad de sexos. El llanto y crujir de dientes de esta izquierda descerebrada vendrá el día que vean a Vox en el Consejo de Ministros, pero si eso ocurre, gran parte de la responsabilidad será de quienes ahora gobiernan (es un suponer eso de que gobiernan).

Ucrania. Mientras las bombas siguen cayendo y los ucranianos resisten como pueden, el resto de supuestos aliados sigue dando una imagen penosa. Ha bastado que los países nórdicos pongan sus barbas en remojo y planteen un posible ingreso en la OTAN, para que Turquía saque a relucir su capacidad de veto. Todo ello en boca de un régimen turco, con Erdogan a la cabeza, que no es precisamente un prodigio de democracia y de entrega a los valores de la defensa de los derechos humanos que se le suponen al conjunto de estados de la Alianza. Es conocida la amistad de Turquía con Putin, como también que Europa ha cedido cada vez que Erdogan recuerda que puede abrir sus fronteras y dar salida a los refugiados que, a cambio de ingentes cantidades y otras concesiones, ha 'acogido' en los últimos años. Pero lo grave de todo esto es que Ucrania se desangra en medio de la lucha palaciega entre quienes no paran de decir que se solidarizan con los ucranianos. Solo espero que el Festival de Eurovisión, que se celebra hoy, no se convierta en un hipócrita canto de apoyo a quienes llevan dos meses bajo el fuego ruso: no se lo merecen y sería una indignidad absoluta.