Ultramar

Aprender de los críos

16/03/2019

Críos de todo el mundo secundaron ayer la convocatoria de huelga global infantil para advertirnos a los adultos que hay que tomarse en serio el cambio climático. La iniciativa partió de una adolescente sueca de 15 años, Greta Thumberg, que con su huelga sin clase de los viernes, iniciada hace ya un tiempo, activó un movimiento que advierte a los mayores que debemos hacer los deberes y que no somos quien para hipotecarles el futuro haciendo oídos sordos a una realidad incontestable: la del cambio climático, que de no corregirse nos aboca al naufragio. Esta misma semana supimos que las muertes por contaminación crecen a millones.

«A propósito del cambio climático, ya es hora de que los mayores hagamos los deberes»

Sin embargo, salvo alguna salva de distracción, las advertencias de los expertos, que llevan años avisando que las próximas dos décadas serán críticas para el planeta, son desoídas por los políticos que actúan en función de un horizonte que nunca va más allá de cuatro años, el que fija cada cita electoral, ignorando que el buen futuro que merecen vivir esos críos que nos llaman la atención, en un ejemplar ejercicio cívico de responsabilidad civil, obliga a algo más.

Así digan Trump, Bolsonaro y otros muchos, demasiados, negacionistas obsesionados en crecer y crecer sin límites, el océano de plástico crece inexorable y el cambio climático avanza más rápido que lo que los propios expertos imaginaban, lo que nos obliga a todos. Se impone, de una vez, la necesidad de romper el pernicioso vínculo entre la actividad económica y la destrucción ecológica, entendiendo que es preciso cambiar el modo de producción y consumo. Ha llegado el tiempo, así nos los han recordado los chiquillos, en que, como escribiera Leonardo Da Vinci, ya no haya a bordo ricos o pobres, jóvenes o ancianos, blancos o negros... sólo pasajeros afanados, trabajando en común para sobrevivir, para evitar el naufragio.

Los científicos nos alertaron, ahora la infancia nos llama la atención. No caben más dilaciones, de ahí que debamos recibir con satisfacción el surgimiento de esa joven ciudadanía crítica y responsable, decidida a exigir a los gobiernos cambios radicales en sus políticas y a cada uno de nosotros en las costumbres cotidianas, porque en esto todo está interrelacionado.

Los gobiernos tienen que tomar decisiones a gran escala, políticas agresivas que no olviden las desigualdades, porque hoy, y más que lo serán, los principales sufrientes del cambio climático son los pobres; pero, sin perder de vista que la política suele ir por detrás de la realidad, por ello, sin obviar lo primero, también hay que activar el compromiso individual, dando importancia a las pequeñas acciones, como lúcidamente nos aconsejan los chiquillos.

Toca exigir a los gobernantes compromisos y acciones por la salud ambiental, mientras reciclamos ropa, reutilizamos envases, colectivizamos el transporte, evitamos el consumo superfluo. En suma, trátase de no olvidar lo que hay que evitar y que ya se asoma por la puerta.