Lunes en África

Algoritmos con bandera

18/02/2019

Las emociones empezaron muchos meses antes, cuando el servicio de los palacios pactó la música ambiental. Entre Madrid y Barcelona sonaban las mismas partituras sin necesidad de mostrarlas al público. Ahora la precipitación de las elecciones generales acelera el pulso de las apariencias con las novedades que incorporan los algoritmos.

Los mensajes de campaña ya no vendrán marcados por las necesidades del entorno, ni por la ideología de la organización. Antes llegaba al pueblo el fontanero de turno repartiendo sobres a escasos metros del colegio electoral, pero los politólogos de ahora se ocultan de los focos, van a la sede del partido con el mismo entusiasmo que al dentista y reparten la merienda en talones al portador. Desechas las mayorías absolutas, los candidatos se fabrican ahora con fragmentos procesados en las redes sociales. El votante, usted, ya no será un número; sólo resulta interesante si forma parte de la secuencia.

El secreto está en el teléfono móvil. La agilidad para aceptar provocaciones y la resistencia a compartir miedos y proclamas están en su mano. Donald Trump, los hijos del brexit y los fascistas brasileños ya han demostrado que el experimento funciona. En estos días provisionales podrá observar el mecanismo general a estrenar en todo el arco político español. No es necesaria la verdad, basta la apariencia cierta en el mensaje. Quién pagará las deudas, a quién se le perdonan; los gobernantes gestionan este tiempo sin sentir la obligación de dar respuestas. La estrategia de la serpiente consiste en dormir al votante sobre un lecho de emoticonos, moverlo de sitio sin hacer ruido, y llenar con ellos las cestas de las urnas. Vote lo que quiera, le dirán cuando esté amortizado. A cambio le regalarán un pacto de colores y una bandera.