A cara descubierta

Aerolíneas de bajo coste, cambio de ciclo

08/02/2019

El modelo de bajo coste en el transporte aéreo ha sido un antes y un después en la forma de viajar de los ciudadanos. Hace 25 años ir de Canarias a la península era un mundo y raro encontrar billetes por debajo de los 350-400 euros (y eso con el descuento de residente aplicado). Ahora, gracias a compañías como Ryanair, Norwegian, o Vueling, que han introducido una fuerte competencia en el mercado, es posible viajar a destinos nacionales e internacionales (algunos que no sabíamos antes ni que existían) por menos de 100 euros. Así que todos nos hemos apuntado a las low cost.

El modelo ha funcionado correctamente pero desde hace un par de años empieza a dar visos de agotamiento que obligan a su replanteamiento. Son muchos los ejemplos de compañías aéreas low cost que se han ido quedando en el camino al ser incapaces de mantener sus estructuras sobre una política de precios muy bajos y en medio de un incremento del precio del combustible. En 2017 cayeron Monarch Airlines y Air Berlin, dos de las grandes. El pasado año sucumbieron diez compañías aéreas de bajo coste en Europa, entre ellas la belga VLM mientras otras entraron en dificultades. 2019 ha comenzado con la bancarrota de la compañía alemana Germania y con Ryanair, la reina del bajo coste, y Norwegian, en números rojos.

La compañía irlandesa sigue creciendo en número de pasajeros pese a las constantes polémicas: pasajeros encerrados en un avión durante horas, los mayday por ir con el combustible justito, las malas maneras con sus clientes a cuenta del equipaje, una política laboral con sus pilotos y azafat@s que ha dado mucho que hablar (ya parece resuelto) y que provocó numerosas cancelaciones por huelgas en 2018 y otras tantas situaciones que se han dado desde que desembarcara en España en 2002. Sin embargo, el balance empieza a descuadrarse.

«El modelo de ‘low cost’ da síntomas de agotamiento que obligan a su replanteamiento. Varias se han quedado en el camino»

En el tercer trimestre de 2018 perdió casi 20 millones de euros frente a los 105,6 que ganó en igual período de un año antes. Ciertamente la conflictividad laboral le pasó factura pero también el método elegido para combatirla: precios más bajos. Sus tarifas aéreas se recortaron un 6% en el último trimestre hasta situar el precio medio del billete en 30 euros en un entorno de alza del crudo.

Para atajar la situación la compañía irlandesa ha empezado 2019 con una reestructuración por la que apuesta por un modelo similar al de IAG, un hólding con cuatro filiales independientes: Ryanair, Lauda, Ryanair Sun y una nueva británica. Además ha decidido apartar de la gestión al polémico Michael O’Leary, aunque le ha premiado convirtiéndole en consejero delegado del hólding. Norwegian, por su parte, anunció ayer pérdidas en 2018 de 150 millones de euros, lo que obliga a reestructurarse, con cierre de bases y despidos. Nuevos tiempos para el low cost aéreo.