Por si acaso

No estaría de más estudiar planes de contingencia ante la muerte del turismo

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

No quiero ponerme catastrofista pero esto del turismo y las decisiones unilaterales de los países sobre dónde ir y dónde no, a quién aplicar cuarentena y a quién no, empieza a tener todos los ingredientes para fulminar el turismo tal cual lo hemos conocido. Lo cual, de confirmarse, supondría la muerte de nuestro modelo productivo, y no solo en Canarias, sino en el conjunto del país, pues España tiene en ese negocio una parte importantísima de su producto interior bruto.

En el capítulo de las contradicciones, apunto una que puede parecer anecdótica pero que refleja el sinsentido en que nos hemos instalado: el Reino Unido se mantiene en sus trece de que España no es un país fiable y, sin embargo, se hace una excepción con el partido de fútbol entre el Manchester City y el Real Madrid de Liga de Campeones previsto para la ciudad inglesa y que se debe disputar a finales de la próxima semana. ¿Alguien consigue entenderlo? ¿O es que los futbolistas blancos no llegarán procedentes de un país poco fiable en materia de contención de la pandemia?

Pero al margen de esos pequeños disparates, lo que preocupa es que Canarias puede encontrarse con un fin de su ciclo productivo. No sería la primera vez en la historia y evidentemente nada garantiza que se repita esa situación. Nos pasó con el azúcar, el vino, la cochinilla... ¿y por qué no con el turismo? Es verdad que esperamos que llegue una vacuna, pero eso no es garantía de que se recupere la confianza de los turistas, como tampoco hay garantía de que no aparezcan más coronavirus a corto, medio o largo plazo.

Cambiar de modelo productivo no es cosa de hoy para mañana, pero que se acabe el existente sí puede serlo. Porque el mango de la sartén no está en nuestras manos. Antes nos quejábamos de la dependencia de los turoperadores pero es que ahora quien manda es un virus incontrolado y cuyo poder destructivo se acrecienta cuando se combina con el descontrol político y las medidas improvisadas y sobradamente egocéntricas.

Por si acaso, no estaría de más que las administraciones fuesen estudiando planes de contingencia ante la muerte del turismo. Ninguno queremos que suceda pero no desearlo no es vacuna suficiente. Como tampoco hay medicina para defenderse de unos gobiernos instalados en una especie de sálvese quien pueda. Si a esto último le unimos tipos como Boris Johnson, pues tenemos el cóctel perfecto para que las peores de las pesadillas se han realidad. Ojalá no, pero -insisto-, por si acaso...