Por si le interesa

¿A costa de qué, señor Casado?

09/01/2019

Gaumet Florido

Las cifras bailan, según la fuente, pero la mayoría coincide en que 2018 se cerró con 47 mujeres víctimas de violencia de género a manos de sus parejas o exparejas, más otras 4 que fueron asesinadas por agresores con los que no mantenían relación sentimental pero cuyo móvil fue la violación o la dominación. En total, 51 mujeres solo en un año. Si se tienen en cuenta las estadísticas desde que hay registros oficiales por este tipo de violencia, es decir, desde 2003, la cifra de muertas asciende a 975. Error. 976. Ya hay que sumarle otra de 2019.

Un drama de este calibre debe estar al margen de la ocurrencia mitinera, del titular forzado o del guiño a un hipotético o futurible socio parlamentario.

El dato es escalofriante y desalentador, una atrocidad para una sociedad como la española que se tiene por avanzada. Pero es que, además, pone de manifiesto que se trata de una violencia específica, estructural, que requiere una respuesta social, policial, jurídica y política que ha de ser igualmente específica. Sí, señor Casado, también política. Un drama de este calibre debe estar al margen de la ocurrencia mitinera, del titular forzado o del guiño a un hipotético o futurible socio parlamentario.

No puede minimizar esta masacre insostenible comparándola con otro tipo de violencias, por mucho que se produzcan también en el marco de una relación familiar o doméstica. En España, y en muchas partes del mundo, se mata a la mujer por ser mujer, por tomarla como una posesión personal. Por eso celebro que ayer enmendara su postura, aunque no haya sido original y haya recurrido al truco del almendruco, o sea, a culpar al mensajero, al periodista de turno, como es norma y costumbre en el manual del político español. Eso es lo de menos. Lo de más es que tome conciencia de la gravedad de esta realidad y que el líder del PP le deje claro a Vox, a sus propios votantes y a quien sea, que el partido con más diputados en el Parlamento español tiene un compromiso firme contra la violencia de género, como no podía ser de otra manera, y que eso no puede ni debe depender de un pacto electoral ni de un legítimo interés partidista.

No puede ser que el político nacional que más ha recurrido a la manida estrategia del que viene el lobo, el que ha centrado sus reproches al presidente Sánchez en una supuesta entrega de la unidad de España a los independentistas catalanes (por cierto, una prebenda nunca demostrada), sea capaz de poner en solfa ahora la violencia sufrida por cientos de mujeres con tal de sentar a su partido en el gobierno andaluz. El líder que más ha reprochado al Ejecutivo central que pretenda gobernar a costa de no sé cuántos pecados capitales no puede imitar ese comportamiento que tanto critica y plegarse a los deseos de un supuesto socio ante un asunto para el que no caben medias tintas.