A cara descubierta

Extrema derecha e insultos racistas

26/10/2018

Silvia Fernández

El preocupante avance de la extrema derecha por toda Europa, incluida España -donde el despertar de esta corriente ha sido más tardío que en otros países pero está llegando-, es un caldo de cultivo que empieza a dejarse sentir en nuestras comunidades. El que muchas de estas opciones hayan alcanzado el poder en países del entorno, con su discurso xenófobo y racista, empieza a dar alas a los ciudadanos que comulgan con estas ideas y así nos encontramos con capítulos como el sucedido esta semana en un avión de Ryanair que hacia la ruta entre Barcelona y Londres y en el que un pasajero insultó y humilló a otra pasajera por el hecho de ser negra.

No es la primera vez que se dan situaciones de este tipo, sobre todo en el mundo del deporte, en el que son habituales los comentarios racistas. La hemeroteca está llena de ejemplos. Pero ahora es distinto.

Hace unos meses fue en un vuelo entre Tenerife Norte y La Palma donde un pasajero insultó con un desprecio absoluto a una azafata por el hecho de ser negra.

Los partidos de extrema derecha empezaron a resurgir hace unos años en un contexto de la grave crisis económica que dejó a muchas personas sin hogar, sin trabajo, sin ilusión, sin futuro... Ellos se convirtieron en los salvadores con recetas con un denominador común: parar la inmigración. Los inmigrantes son el enemigo, el que viene a quitarnos el trabajo, al que mantenemos con nuestros impuestos por los subsidios, los que roban, matan y violan. Y el mensaje del miedo y el odio está calando. Austria, Italia, Suiza, el brexit en el Reino Unido, incluso Alemania que, durante años parecía blindada por su pasado nazi y su esfuerzo por superarlo, tiene un partido de extrema derecha que empieza a crecer... y si miramos al otro lado del Atlántico, la cosa está igual o peor. La primera potencia mundial está gobernada por un hombre -Donald Trump- que levanta muros contra la inmigración y se prodiga con insultos racistas sin ningún problema. Está por encima de todo.

Es preocupante lo que está pasando y también la falta de acción política y social contra esto. El pasajero del avión, por ejemplo, no fue sancionado ni mucho menos. Se salió con la suya y dejó destrozada a una persona cuyo único error fue coincidir con un desaprensivo.