Primera plana

El tripartito canario

08/12/2019

La opción que le que queda al orden constitucional, a la izquierda sociológica y a los que aguardan una mínima salida al encaje territorial, es que en Cataluña ERC acepte un tripartito. Que el término nacionalidades (y su expresa diferenciación con las regiones por voluntad del poder constituyente) contemplado en el artículo 2 de la Carta Magna y que introdujo el padre de la Constitución Jordi Solé Tura, que fue ministro de Cultura con Felipe González pero cuyo perfil político e intelectual se entiende desde su militancia previa en el PSUC (la rama catalana del PCE), se avive decididamente desde la asunción de la realidad plurinacional del Estado.

Eso sí, y a diferencia del periodo de José Luis Rodríguez Zapatero liderando el PSOE y siendo presidente en Cataluña Pasqual Maragall (2003-2006) y José Montilla (2006-2010), el nuevo tripartito a diseñar, en caso de que ERC lo asuma como mal menor y abandone el procés, ostentaría una Presidencia de ERC. Y, como sucede en cualquier Gobierno de coalición, pero máxime cuando ya es un tripartito, el reparto de las cargas y el potencial electoral es desigual para cada uno de los socios. Por lo tanto, resulta determinante qué partido político es justo el que ocupa la Presidencia. Si ERC accede es porque piensa que esa fórmula le permitiría convertirse en la organización hegemónica de Cataluña que desalojaría a JxCat (heredera de la extinta CiU y la burguesía catalana) y arrinconaría cada vez más al PSC a ser un actor secundario, muy lejos de su predominancia en tiempos del felipismo.

En Canarias estamos, en resumen, ante otro tripartito. El voto de ASG está totalmente insularizado, los tres escaños de Casimiro Curbelo son los que son más allá de que pueda ir girando de una legislatura a otra. Pero la espina dorsal y la operatividad del Ejecutivo canario es materialmente el de un tripartito. Con la singularidad o más bien agravante de que tanto Nueva Canarias como Podemos solo gestionan una consejería respectivamente. Con todo, estamos frente a similar universo de funcionalidad institucional y rendimientos electorales de un tripartito.

Así las cosas, si se consolida el tripartito catalán encabezado por ERC, daría a Pedro Sánchez oxígeno político para no sucumbir. El PSOE estará dispuesto a ofrecer prácticamente todo lo que demande ERC. Las consecuencias en el conjunto de la agenda política y en Canarias serán notorias e ineludibles antes o después. ¿Por qué? Por la razón de que ERC se entenderá con el PSOE en la medida que La Moncloa esté dispuesta a remover dos piezas fundamentales del edificio constitucional: el modelo de financiación autonómica y la elaboración de un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña.

ERC lograría lo que Artur Mas no pudo arrancarle a Mariano Rajoy: un cupo fiscal para Cataluña al estilo del vasco y navarro. Y esto, junto a la salida de prisión de Oriol Junqueras, es un entendimiento de mínimos. Enseguida sus repercusiones en la caja del Estado y de las comunidades autónomas serían palpables. La población catalana es mayor que la vasca y, por consiguiente, la dimensión es otra. Justo la Consejería de Hacienda en las islas es la que está en manos de Nueva Canarias por lo que pronto tendría que lidiar con las contrariedades de ese inédito marco.

Por otro lado, el pacto territorial en Cataluña está roto desde la STC 31/2010. Es decir, formalmente está en vigor el Estatuto de Autonomía catalán de 2006 pero el pronunciamiento del Tribunal Constitucional lo finiquitó materialmente. Concurre una orfandad de la Constitución territorial en Cataluña que apela a ser recompuesta con urgencia, especialmente para las formaciones soberanistas.

Todo esto (más la reforma del Estatuto de Guernica de 1979) invoca al nacionalismo canario a resituarse y reaccionar. El horizonte territorial que sobreviene será el de un federalismo asimétrico o, en su defecto, el de una indeseable recentralización al calor de una regresión reaccionaria desde la derecha. En definitiva, el tripartito canario quedaría a expensas del catalán. Y el protagonismo que alcanzará el PSOE y Podemos en el Estado, con permiso de ERC, obliga a Nueva Canarias a diferenciarse. No todos los tripartitos son iguales.