Primera plana

El dilema de Nueva Canarias

08/09/2019

En esta legislatura que comienza Nueva Canarias padecerá los retos y problemas propios que lleva parejo el crecimiento. Se estrena en el ámbito autonómico con una Vicepresidencia. Y, en términos futbolísticos, es como ese equipo que acaba de ascender a Primera División y afronta un universo desconocido que debe resolver para asentarse entre los grandes y no fenecer en una misma temporada en modo de descenso. Se trata, dicho de otra manera, de que Nueva Canarias tiene la ocasión de superar las costuras al uso de una organización supramunicipalista y convertirse en regional (nacional) e incluso liderar el debate de la reunificación o confluencia nacionalista.

Sin embargo, ¿cómo debe hacerlo un partido que, como el resto, alberga diferentes sensibilidades internas? Y es que en la actualidad Nueva Canarias puede optar por afianzar su vocación de izquierda canaria o avivar su inquietud por la construcción del nacionalismo que ocupe la centralidad. Tanto una opción como la otra tienen sus limitaciones. Pero no es inédito. Es decir, utilizando el histórico sistema de partidos del País Vasco, al que por cierto el canario se está aproximando en su complejidad, Nueva Canarias puede decidir entre ser la izquierda vasca que representó Euskadiko Ezkerra (EE) o bien el ala socialdemócrata que se agrupa en torno al centro nacionalista que le asemejaría a Eusko Alkartasuna (EA) de Carlos Garaikoetxea en su primera etapa tras originarse precisamente tras una escisión del PNV.

Ya puestos, el perfil de Antonio Morales le acerca al concepto de EE y el de Román Rodríguez al de EA. La vía Morales se decantaría, por lo tanto, en reforzar la noción progresista de izquierda de un nacionalismo canario autónomo al que si lo desean otros pueden sumarse mientras que Rodríguez apostaría por rehacer un nacionalismo que recoge los rescoldos de CC que, salvando las significativas distancias, en este esquema desempeñaría el rol de PNV.

Eso sí, tampoco son dos rutas que se separan por completo sino que asimismo comparten lugares comunes en cuanto que ambas apuestan por el nacionalismo canario más allá del matiz o sensibilidad. Y sobresale, de largo, un factor que será determinante para el futuro de Nueva Canarias: su separación, acuñación de distancias o, si acaso, ruptura con el PSOE. De hecho, EE acabó a principios de la década de los años noventa por integrarse en el PSOE (de ahí, su denominación PSE-EE) que con el tiempo ha demostrado que solo sirvió para acabar con el proyecto que supuso EE. Y es que el PSOE, salvo en Cataluña, rehúye de cualquier tentativa de aceptación de la realidad nacionalista en el conjunto del país. En suma, con independencia de cómo Nueva Canarias se desenvuelva ideológicamente con su obligada plasmación en el quehacer institucional diario, nunca podrá servir como plataforma para apuntalar al PSOE. Por eso el pacto actual estará obligado a sortear numerosos contratiempos. Lo que suceda el 10N podrá ahondar la imperiosa necesidad de Nueva Canarias por mantener su autonomía y voz propia con respecto al PSOE. Atrincherarse en lo institucional no servirá para impedir las dinámicas consumadas del sistema de partidos. Constituye, en fin, un punto de inflexión para Nueva Canarias.