Primera plana

El 10N y el nacionalismo canario

09/10/2019

Ángel Víctor Torres tiene que estar acordándose estos días de Pedro Sánchez y su temeridad repitiendo las elecciones. No solo se atisba demoscópicamente el retroceso del PSOE sino que el 10N va a generar una derivada en el resto del país bajo la fórmula de multipartidismo y dinámica inaudita de relaciones institucionales. Todo un enredo que a la mayoría de actores políticos, salvo el PNV y ERC, les coge con el pie cambiado. Se confirma el estancamiento electoral del PSOE. Es más, ya se barrunta un repliegue socialista. La encuesta publicada por eldiario.es señala que el PSOE bajaría de 123 a 118 escaños y una bajada de porcentaje de voto del 28,9% del 28A al 27,2%. Por su lado, el PP aumentaría de los 66 a los 99 escaños, un aumento del 16,8% al 21,8%. Es más, me atrevo a decir que de aquí al 10N la diferencia entre socialistas y populares se va a ir estrechándose. ¿Por qué? Entre otros motivos, por la sentencia del Tribunal Supremo sobre Cataluña que puede conocerse en breve y sus consecuencias sociales. Al PSOE esgrimir el 155 de la Constitución no le da votos. Incluso, es contraproducente para Sánchez en cuanto que la moción de censura triunfó gracias a Podemos y los soberanistas, por lo que invocar el 155 supone otro giro más. Cataluña le otorga réditos a las derechas pero no a las izquierdas. Una clave más en relación a la abstención: se dispara del 28,2% del 28A al 34,3%.

El debate sobre la confluencia del nacionalismo canario hace meses que estaba latente. En el multipartidismo, con tres grandes partidos en ambas bancadas ideológicas, se antoja muy difícil ganarse tu propio espacio. No cabe un nacionalismo a la carta. Y tienes que tragar con algunas contradicciones si no quieres sucumbir frente a los demás. De lo contrario, no pintarás nada en Madrid. Lo que ocurre, y aquí debe estar la desazón de Torres, es que el 10N lo ha acelerado todo. Lo que podría haber sido un proceso más pautado y a medio plazo, la convocatoria electoral de Sánchez (que ha ido a lo suyo pensando que le premiaría las urnas el 10N, olvidándose del peso territorial de su partido) ocasiona una herencia de tiranteces en las comunidades autónomas donde gobiernan los socialistas.

El abanico de posibles en la gobernanza se abre. Es posible que Podemos aparente en las islas que le sea indiferente que el PSOE gobierne en el poder central con unos socios diferentes: Ciudadanos, Más País o amén de una abstención técnica de los populares. Y prefiera mirar hacia otro lado parapetándose en lo institucional y obviando la lógica de los partidos de cara a los siguientes comicios donde Podemos, de confirmarse esto, presuntamente perdería empuje. Pero no es el caso de Nueva Canarias que no puede llegar a 2023 siendo el responsable de la subida del IGIC y demás medidas dolorosas al calor de la crisis económica sin poder lucir tu propia agenda social. En fin, no estamos ante la llegada del multipartidismo sin más sino que esto implica, a todas luces, otras derivadas. Por eso el sistema del 78 ha entrado en un ocaso de efectividad en su diseño sociopolítico concebido entonces. Pero esto ya es otro asunto.