Derecho de revancha

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ

Ya sé que medio país está hablando de Cataluña, del afán independentista de unos cuantos, más de los que el gobierno de España quisiera y a los que Rajoy irresponsablemente ha ninguneado durante años. Todo ello sin olvidar las vergonzantes cargas policiales a las que se ha recurrido para neutralizar a los ciudadanos que pacíficamente pretendían introducir un voto simbólico, más que vinculante, en unas urnas. Sí, a muchos nos preocupa más de lo que parece a algunos dirigentes políticos la independencia que pretende una parte vital para el presente y futuro de España, pero ante la profundidad del problema, a mí me apetece más hablar de otros asuntos más banales.

Es el caso del libro de memorias que la cantante Chenoa ha publicado recientemente y en el que cuenta lo que le ha dado la gana y desde su punto de vista. No sé si tendrá más capítulos interesantes el libro, ni me interesa mucho la vida la artista, pero llama la atención el alboroto que ha levantado por haber contado cómo la dejó el también cantante David Bisbal, su pareja durante un tiempo. Sí, parece ser que una mujer no puede contar que su pareja se ha portado como cerdo, aunque aparentemente parezca buena persona de cara a la galería. Y es que enterarte por televisión que tu novio dice que ya no es tu novio debe ser duro. De ahí que Chenoa no se lo pensase dos veces cuando salió, en chándal y llorosa a las puertas de la casa de la pareja, para decir que había sido abandonada.

Ahora que se ha explayado y atrevido a decir que Bisbal no la dejó cara a cara, que fue ella quien tuvo que empaquetar sus cosas, incluidos sus preciados premios; que el novio no le dio ni la oportunidad de hablar con él por teléfono porque de la noche a la mañana cambió de número para no ser localizado; ahora que todo eso pasa mientras el país tal y como lo conocemos se desmorona, ahora, digo, Chenoa se atreve a contar cómo fue abandonado y es por ello criticada.

Porque parece ser que no está bien contar que un día un personaje público no se comportó como debiera, o como por lo menos ahora intentar hacer ver que sí hizo. Pero el problema no es lo que hiciera, sino que se verifique que así fue. Que se desenmascare al ¿machista? Pues sí, digámoslo así. Que terceras personas te envíen mensajes y te dicten órdenes de mudanza sobre el que creías tu pareja, amante, confidente y amigo debe tener un nombre. A mí, a bote pronto, se me ocurren unos cuantos.