Del director

¿De qué va la plurinacionalidad?

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Ya tenemos el debate servido. ¿Supone una traición a España que el Partido Socialista asuma la plurinacionalidad de España? ¿Es otro guiño de Pedro Sánchez a Podemos y a las fuerzas soberanistas con vistas a ir construyendo una mayoría alternativa a la que, a fecha de hoy, sostiene a Mariano Rajoy en el Gobierno?

Para empezar, recordemos los apoyos de Sánchez, entre los que sobresale el PSOE catalán, que no oculta su deseo de una negociación al más alto nivel entre Cataluña y Madrid como salida al actual proceso soberanista. Después, rescatemos el modelo federal aprobado por el PSOE en los tiempos de Alfredo Pérez Rubalcaba, con una fórmula asimétrica que significaba, hablando en plata, acabar con el café para todos en que se convirtió la España autonómica desde los años 80. Más aún: Canarias tiene recogido en su Estatuto vigente, ese que ahora se quiere reformar para aumentar las cotas de autogobierno, la definición como “nacionalidad” y cuando se adoptó esa figura a nadie se le pasaba por la cabeza la independencia -y Podemos ni existía-.

Dicho todo lo anterior, es evidente que Pedro Sánchez y los suyos están en un proceso de recuperación de los puentes tendidos con fuerzas más a la izquierda del PSOE tradicional y también en la esfera del nacionalismo soberanista. Se trata de una opción muy arriesgada pero siempre es preferible ir de frente, como parece que es el caso, en lugar de hacerlo con contactos secretos, que es precisamente lo que se le echó en cara, y con razón, a Sánchez hace año y medio.

Las palabras, a fin de cuentas, son un mero adorno. Definir a España como una plurinacionalidad será más o menos grave en función del margen de maniobra que se conceda a esas nacionalidades. Ahí es donde debemos estar atentos, pero admitiendo que quien más se juega en el envite es el propio Sánchez, y quien menos España. Máxime cuando lo aprobado en el Congreso Federal convive con las palabras pronunciadas en estos días con Alfonso Guerra, que plantea justo lo contrario respecto a Cataluña, con la suspensión de la autonomía. Una cosa y otra no caben en el mismo argumentario y ahí es donde reside el gran problema, pero nadie le quita a Sánchez el derecho de intentar sacar adelante aquello en lo que, por lo que se ve, cree.

Para finalizar, una pregunta: ¿daríamos por buena la definición de España como Estado plurinacional si con eso los partidos soberanistas catalanes enterrasen el referéndum y dejasen de dar la lata?