Mascarada

Cuarentena, temporada 1

27/03/2020
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Capítulo trece de la primera temporada de la cuarentena impuesta por el gobierno, pero ya sabemos que disfrutaremos de una segunda temporada sin que nadie sea capaz aún de pronosticar si tendremos que sufrir una tercera.

Capítulo trece de la primera temporada de la cuarentena impuesta por el gobierno, pero ya sabemos que disfrutaremos de una segunda temporada sin que nadie sea capaz aún de pronosticar si tendremos que sufrir una tercera. Convertir la cuarentena en una especie de serie de televisión me está ayudando a pasar el amargo trago que el Covid-19 ha impuesto en nuestras vidas. Como seriéfila empedernida, no he podido evitar que estos días me recuerden diferentes títulos de series.

La primera que acudió a mi mente fue, inevitablemente, Aquí no hay quien viva. Pasar 24 horas al día en mi casa me ha hecho ser muy consciente de con quién comparto edificio. Mis vecinos de arriba se llevan la palma. Dan unos tremendos portazos cada vez que bajan al perro, como si estuvieran enfadados, algo que me resulta imposible de entender, siendo ellos unos de los pocos privilegiados que pueden salir a la calle sin mayores problemas en estos días. Tengo otra vecina que cada que vez sube la escalera anuncia a su descendencia desde el portal que se encuentra camino de su hogar. Se lo anuncia a ellos y al resto de la comunidad. En el patio de tender, una conciudadana nos deleita cada día con una canción diferente... cantada por ella misma. Otros comparten conversación de ventana en ventana y tiro porque me toca.

Cuando mi paciencia está a punto de agotarse, me digo que sería mucho peor tener que compartir piso con Sheldon Cooper (Big Bang Theory)

La segunda serie en la que creo vivir en estos días es Friends. Desde que no podemos salir a la calle, los chats de amigos arden, ansiosos todos por ver quién es el primero en compartir el último meme, vídeo, imagen o lo que sea con tal de pasar el rato y arrancar una carcajada al respetable. Y, de repente, se me dibuja una media sonrisa al ver que me manda un WhatsApp alguien del que hacía meses que no sabía nada, porque la ajetreada vida que teníamos hace poco más de diez te impedía mantener ese contacto. Algo bueno tendría que tener esto.

Mención aparte merecen los grupos familiares. Ahora, más que nunca, hay que mantener esos lazos, aunque sea de forma virtual o vía telefónica.

No diré que me hice periodista por Lou Grant, pero la verdad es que no me perdía un capítulo. Todos los redactores estamos trabajando desde nuestras casas. Los chats que antes usábamos para quedar a tomar algo se han convertido en el canal que usamos para organizar el periódico de papel, ese que mantiene su cita diaria con los lectores, porque en esta época es más necesario que nunca ofrecer una información veraz y contrastada. Y en ese mismo chat nos pedimos paso para acceder a la web y colgar las noticias y comentamos incidencias del día. Es nuestra Redacción virtual, a la que acudimos a diario pese a lo complicado que es faenar así porque, en el fondo y en la superficie, amamos este trabajo.

Y cuando está a punto de estrenar su cuarta temporada, no me quito de la cabeza El ministerio del tiempo. Si permitiera viajes al futuro, podríamos trasladarnos a 2021 para descubrir cómo vencimos al maldito Covid-19 y qué secuelas dejó en nuestras vidas.

27 de marzo, Día Mundial del Teatro, aunque este años no habrá celebraciones ni se levantará telón alguno. Cuando todo esto pase, espero que podamos decir que al coronavirus los vencimos «todos a una». Por eso, por favor, quédense en casa.

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