Desde mi sofá.

Cuando sí se luchaba...

03/09/2018

La guerra del agua. ¡Vaya batalla y menudo ejemplo el de los héroes de Tres Palmas! Se cumplen 35 años de esta lucha vecinal, tal y como se informó el pasado sábado en este periódico, en una información de Rebeca Díaz.

Por si aún se encontraba fuera de las islas por las vacaciones o desconectado del mundo, le pongo en antecedentes. Los vecinos de este barrio de la capital grancanaria se pusieron en pie de guerra –sin violencia, que conste– contra el Ayuntamiento, en 1983, ante lo que consideraban –con razón– una gestión absurda y abusiva de los recibos de agua.

Llegaron al límite y tal y como recordó en CANARIAS7 uno de los vecinos, Juan Samper, estuvieron 76 días sin suministro.

Que se haya recordado aquella hazaña, que logró que el Ayuntamiento que presidía Juan Rodríguez Doreste acabara bajando la cabeza, tiene una doble lectura en la actualidad.

Por un lado, conviene reconocer el valor y la unidad inquebrantable de los habitantes de este vecindario para lograr su objetivo. Sobre todo, porque sabían desde un principio que la razón estaba de su parte.

También debe de servir para las nuevas generaciones y las no tan jóvenes, acomodadas en su mayoría, para que descubran que la lucha está en la calle y no en el ciberespacio. Si no me creen, viajemos en el tiempo. Vamos a traernos la guerra del agua de Tres Palmas a septiembre de 2018. Sus vecinos, cansados de que desde el Ayuntamiento se les ignore y dé largas, ponen en marcha una campaña en las redes sociales. Todos se dan de alta en los susodichos patios de vecinos cibernéticos y en vez de una fotografía ponen un crespón negro para llamar a la lucha. Cada vez que alguien les da un me gusta o comparte sus reivindicaciones, la autoestima se dispara en la misma medida que el postureo que tan de moda está.

La unidad cibernética, en la que cada combatiente sigue con su rutina y solo va a la guerra desde el móvil y sentado en el sofá, se extiende en el tiempo y se alcanzan los 76 días que Samper rememoraba el sábado. ¿Hace falta que les diga cómo acaba todo? Pues sí, en nada.