Primera plana

Clavijo o el nacionalismo canario

09/12/2019

Coalición Canaria (CC) como marca electoral está agotada. CC, como UCD en su día, y salvando las distancias, solo ha conocido el poder y a poco de transitar por el desierto de la oposición sobresalen las contrariedades internas sobre cómo afrontar el nuevo escenario. El dilema es inapelable y enseguida se enzarzan las distintas facciones. Sin poder, no hay manera de colocar a los cuadros, las simpatías del ámbito empresarial se apagan y la militancia se diluye. El responsable principal de cómo CC ha llegado a esta situación es Fernando Clavijo y, sin embargo, este aspira a hacerse con el control próximo de CC porque le va su vida política en ello.

Necesita el apoyo de Pablo Rodríguez en Gran Canaria. Y el margen de maniobra de este último está del todo condicionado por el hecho de haber sido precisamente su vicepresidente y consejero de Obras Públicas y Transportes. Con este aval a modo de precedente: ¿cómo va ahora a negar a Clavijo su respaldo? Ayer Diario de Avisos recogió unas declaraciones contundentes suyas: «Quien debe seguir manteniendo el liderazgo de Coalición Canaria es Fernando Clavijo, a pesar de sus imputaciones en el caso Grúas».

Cuando Nueva Canarias y CC firmaron el acuerdo en el patio del Pueblo Canario en aras de concurrir juntos el 10N, Clavijo estaba aislado. Se le había hecho llegar por diversas voces que su presencia no era deseada. En cambio, él fue allí porque quería aparecer como uno de los promotores de la iniciativa. De algún modo, Clavijo comprendió finalmente el mensaje y no volvió a aparecer en ningún acto de la campaña electoral en Gran Canaria ni tampoco la noche del recuento en el Hotel Iberia de la capital.

La estrategia procesal de Clavijo en el caso Grúas (pronto se activará el caso Reparos) pasa por la zerolada que el Parlamento consintió el pasado verano que le llevó al Senado y, por lo tanto, logró la condición de aforado para que su causa se remitiese al Tribunal Supremo (TS). Allí es donde su abogado galáctico, José Antonio Choclán, tiene que batirse el cobre en el ambiente judicial de Madrid donde el nombre de Clavijo les suena remoto a los magistrados. Y esto tiene como preámbulo el escrito esquelético (sin la carga jurídica que contemple todo el recorrido del caso Grúas) que la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de La Laguna, Celia Blanco, elevó al TS. De ahí, que la fiscal Anticorrupción, María Farnés, se viese obligada a reaccionar y haya instado a la jueza Blanco, entre otras cosas, a que dirija al TS las pruebas testificales practicadas al empresario José Padilla (que se ratificó en su declaración previa ante la Guardia Civil) y demás trabajadores de Autogrúas Poli que han desfilado por sede judicial en calidad de testigos. La esperanza de Clavijo ha sido siempre el operar y las prisas de Blanco por quitarse el problema de encima cuanto antes. Y asimismo salir de la órbita de control de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife donde su presidente, Joaquín Astor Landete, ha ido despejando el camino al resolver los recursos de la otra parte que han sentido desde el primer momento la obstaculización de la jueza.

Si CC ciñe su futuro a Clavijo, imputado por prevaricación y malversación de caudales públicos, sus expectativas como organización política irán menguando de aquí a 2023. El otro anhelo es que haya alguna fisura en el Pacto de las Flores. Ahora bien, Román Rodríguez ha dicho en diversas ocasiones que él no piensa irse a la oposición. Un mensaje que el presidente de Nueva Canarias envía con doble intención y que deja entrever que cualquier potencial acuerdo del nacionalismo en las islas pasa, de todas formas, por la firmeza de que Román Rodríguez sea el presidente surgido de una posible moción de censura constructiva. Eso o nada. Y esa nada es la extinción electoral que le aguarda a CC si no depura las responsabilidades heredadas del clavijismo y entiende que el tiempo político es otro.

La pugna dentro de CC que mantiene Fuerteventura y Lanzarote ante el clavijismo en Tenerife cada vez es más notoria. En función de cómo resuelva CC este trance, con un congreso decisivo a comienzos de 2020, las derivadas políticas serán unas u otras. Para CC supone renovarse o morir. Pero sabiendo que la fórmula actual ya no vale. Si Tenerife comprende la petición que le hacen desde las otras islas, todo será más sencillo. De lo contrario, no hay que descartar divisiones en CC porque muchos dentro quieran salvarse de este simbólico Titanic político y exploren nuevos recorridos.

La zerolada perpetrada por Clavijo no era una supuesta salida decorosa y una despedida de la vida pública. Él no quiere marcharse de la política. Y si el precio a pagar por ello es hundir a su organización, le es igual. Su interés personal prima. Y un escenario de terceras elecciones generales bajo el afán de que el TS despeje pronto el esquemático escrito de la jueza Blanco, a expensas por cierto de que decida qué hace con la petición última de la Fiscalía Anticorrupción, es la carta póstuma que le queda a Clavijo.

Después de todo, tras la disputa interna en CC subyace el dilema sobre la viabilidad próxima del nacionalismo canario y cualquier alianza, unión o receta similar entre Nueva Canarias y CC. A efectos prácticos, ¿hay espacio suficiente para dos siglas nacionalistas en un sistema multipartidista? Este dilema hay que aclararlo tanto a nivel del archipiélago como en el estatal en cuanto que, a fin de cuentas, todo nacionalismo periférico necesita de representación en Madrid donde ejercer la interlocución y defensa de sus propios intereses.

Por último, hay dos factores imprescindibles a considerar en este debate. Uno de naturaleza ideológica y otro de plasmación pragmática al calor del régimen electoral existente.

En cuanto a la primera, a diferencia del País Vasco y Cataluña, en Canarias no hubo revolución industrial ni experiencia económica por el estilo en el tejido productivo. Y, por lo tanto, en las islas no se forjó una pugna de clases entre la burguesía fabril y el proletariado en sus cánones clásicos. Por supuesto, hubo (y hay) injusticias forjadas históricamente y una elevada desigualdad social. Pero esta circunstancia nos aleja del prototipo vasco y catalán y puede hacernos concluir que, resumiendo, el nacionalismo canario debe ser interclasista si desea su consolidación y predominancia política que aglutine en torno a un 25% de los votos.

Con respecto a la segunda, y no hay nacionalismo integral si no ostenta presencia en el Congreso de los Diputados, el archipiélago se divide en solo dos circunscripciones que repartió el 10N un total de 15 escaños, 8 por la provincia de Las Palmas y 7 por Santa Cruz de Tenerife. Por su lado, el País Vasco concentra 18 diputados: 8 en Bizkaia, 6 en Gipuzkoa y 4 en Álava. Y en Cataluña la magnitud total es de 48 actas: 32 en Barcelona, 6 en Girona, 6 en Tarragona y 4 en Lleida. Los posibles partidistas son, de largo, mayores. Este es, en suma, el marco de juego.