Primera plana

Cataluña y la batalla electoral

14/01/2020

No habrá elecciones generales en los próximos nueve meses. No se puede disolver las Cortes hasta pasado un año desde la disolución anterior, fue un 24 de septiembre la que dio lugar a los comicios del 10N, por lo que en virtud del artículo 115.3 de la Constitución el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tiene un margen para enderezar la legislatura al tiempo que logra el apoyo de ERC para aprobar los Presupuestos Generales del Estado del año en curso. La formación de Oriol Junqueras forzará el cronograma de la tramitación de los mismos al compás de ir logrando réditos en la mesa de negociación que en dos semanas debe constituirse y en la que, por ahora, Sánchez acepta a Quim Torra como interlocutor natural.

Así las cosas, la confrontación entre la izquierda y la derecha será en las urnas catalanas, vascas y gallegas. Probablemente, las primeras serán antes del verano mientras que en el caso del País Vasco y Galicia habría que esperar a septiembre. De aquí a entonces tendremos las encuestas que irán pulsando el ánimo instalado en la calle y marcando la tendencia demoscópica. La herramienta de los sondeos será la que permitirá a La Moncloa, a ERC y a la derecha ir calibrando sus propios pasos. Pero es Torra el que de momento tiene el botón nuclear para activar la cita electoral catalana en la que se mezclarán todas las claves políticas. Y Torra (mejor dicho, Carles Puigdemont) analizará la mejor fecha para JxCat en la medida que coja a ERC trastocado o mermado en función de su negociación con el PSOE.

¿Hasta dónde cederá Sánchez con respecto al tema catalán? Este es el factor primordial. Ya ERC este fin de semana, mediante su vicepresidente Pere Aragonès, dejó claro que no van a renunciar a la propuesta del referéndum por la independencia a cambio de un cupo catalán a crear que les asemeje a Euskadi y Navarra. La marea soberanista en estos años no ha llegado hasta aquí para ahora contentarse con eso. Aunque, todo sea dicho, el referido cupo generaría a su vez múltiples tiranteces en el resto del país: Cataluña genera en torno al 19% de la economía nacional y su contribución a las arcas se resentiría de manera notable. La dimensión de un futurible cupo catalán sería, de lejos, más sensible que el vasco y el concierto navarro. Puede que, a estas alturas, Mariano Rajoy se arrepienta de no haberlo concedido cuando se lo pidió Artur Mas en la etapa de la mayoría absoluta de los populares y de crisis y austeridad. Entonces comenzó todo. Fue la última escala de entendimiento posible desde que la STC 31/2010 rompiese el pacto territorial en Cataluña.

En definitiva, no es que la viabilidad del Gabinete y el recorrido que le reste a Sánchez esté en manos de ERC, que también, sino que al calor del transcurso de las semanas podrá Junqueras y sus correligionarios ir dictando la agenda política (con réplica inmediata del PP y Vox) que marcará el interés informativo. Asistimos, en suma, a un desafío a varias bandas con el PSOE y Podemos en medio.