Primera plana

Canarias, la ministra y el pueblo saharaui

26/02/2020

A la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González Laya, Argelia le ha cancelado por segunda vez su visita programada con antelación. La primera fue justo a finales de enero que es cuando estuvo en las islas para anunciar sus gestiones en Rabat durante una reunión mantenida en Presidencia en Las Palmas de Gran Canaria con Ángel Víctor Torres y otros miembros del Gobierno. La suspensión de la cita por parte de Argelia es una forma usual de la diplomacia de trasladar sutilmente su descontento. Por supuesto, España y Argelia mantienen en disputa sus propios intereses pero, no siendo menos, este país siempre se ha mostrado más proclive al reconocimiento internacional del Sáhara Occidental como Estado y, prueba de ello, es el apoyo humanitario que presta al pueblo saharaui en los campamentos de Tinduf, en suelo argelino.

Resulta que hace unos días el secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, integrante de la cúpula de Podemos, se reunió con la ministra saharaui Suilma Hay Enhamed Salem, encuentro que disgustó enormemente a Marruecos que obligó a González Laya a reaccionar de inmediato y subrayar que España no reconoce al Sáhara Occidental. Incluso, se borraron mensajes institucionales volcados en las redes sociales para contentar y arreglar, muy malamente, el entuerto en el que se destapó la posición de La Moncloa a pesar de las teóricas diferencias al respecto que ostentan el PSOE y Podemos.

Podemos ha cometido un error al tapar su tradicional postura sobre el conflicto saharaui para agradar a González Laya. Así pues, la formación de Pablo Iglesias se enmarca en una posición promarroquí (el Sáhara Occidental como provincia del sur) que, de alguna forma, sea por activa o por pasiva, ha desplegado el PSOE recurrentemente.

Noemí Santana y Podemos en Canarias deberían cuanto antes aclarar qué piensan sobre este episodio diplomático. Especialmente, porque casa, en el fondo, con el otro que atañe al archipiélago: la delimitación marítima promulgada por Marruecos a modo de hechos consumados donde, ceñido a la receta clásica, Canarias resulta un cebo para acabar imponiendo poco a poco sus intereses en la ocupación del Sáhara Occidental que está pendiente del ejercicio del derecho de autodeterminación al amparo de la ONU. Porque en esta problemática, que activó hace unas semanas la alarma social en las islas, subyace (como en tantas otras ocasiones) que Marruecos considera como propia la costa saharaui y que está bajo su soberanía.

Torres no puede estar sujeto a los movimientos de González Laya que transmite un aparente pero ficticio mensaje de tranquilidad para Canarias que, a tenor de los hechos y acontecimientos en los que aparece igualmente Argelia, no se corresponde a la realidad. El Pacto de las Flores no puede practicar el sucursalismo de izquierdas, aún menos en esta materia, y debe defender institucionalmente su criterio le gusto o no a La Moncloa. Dicho de otra forma, una cosa es velar por la legalidad internacional y respetar la diferenciación de idearios entre Marruecos y el Sáhara Occidental y otra bien distinta tomar partido por inacción al rebufo de los beneficios de Rabat instrumentalizando el territorio saharaui y su proximidad con Canarias.

El Frente Polisario está considerando retomar la guerra, paralizada en 1991. Por supuesto, no habría entonces portaviones ni armas todopoderosas al alcance solo de las grandes potencias, pero sí armamento de segundo orden (eso sí, con aviación marroquí) que provocarían una tragedia humanitaria a muy pocos kilómetros de Canarias. Si Torres mira hacia otro lado estará desdeñando un drama que puede adquirir, otra vez, naturaleza bélica. El Pacto de las Flores no puede ser indiferente ni someterse a González Laya. Y si se deja llevar por la ministra, no estará atendiendo la complejidad del problema histórico de forma integral. Y la frustración ética y social en Canarias resultaría innegable.