Del director

El reto, y los riesgos, de Torres

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El Partido Socialista Canario afronta este fin de semana un congreso regional que está llamado a cerrar las heridas generadas durante el proceso de elección de secretario general. Torres ganó en la votación de la militancia pero él sabe mejor que nadie que no arrasó, lo que le obliga a tener en cuenta a los otros dos contrincantes -y, por encima de todo, compañeros-. Pero es que hay otro factor a tener en cuenta: Torres no puede ser rehén de ciertos apoyos internos.

En las últimas semanas se han movido las placas tectónicas del socialismo canario. Quizás porque el PSOE tiene ante sí la oportunidad de volver a ser piedra angular de la arquitectura de gobierno en Canarias. Y esos movimientos se han orientado a alertar a Torres de los riesgos que puede suponer para él un error -otros hablan de pactos para autoprotegerse mutuamente- en la configuración de su equipo. Porque es el secretario general quien hace la lista de los suyos, y no el escriba que toma nota de lo que dictan secretarios locales o insulares.

«No puede ser rehén de apoyos recibidos, y menos de ‘adherencias’»

Las miradas se centraban en la Secretaría de Organización, instancia clave en los partidos, y determinante en el socialista.

El jueves, uno de los mentores de Torres y general secretario, perdón, secretario general local, Sebastián Franquis, tiró en apariencia la toalla pero en realidad ensaya otra configuración para mantener su protagonismo en el partido.

Al parecer, ante la luz que se había hecho sobre su discutida, por polémica, nominación, él, hábil como pocos entre las sombras y la discreción, habría sugerido un mejor destino: la secretaría de la isla de Gran Canaria. No deja de ser una operación que desafía la inteligencia de una militancia que ha elegido una dirección tan alejada de las viejas prácticas como se evidencia en el congreso federal que rechazó al diputado canario para su nueva ejecutiva. Y es que cualquier tiempo pasado, simplemente, fue anterior y ahora corresponde adecuar la gestión partidista a los modos que indica la nueva dirección federal. Así, el congreso de este fin de semana tiene una oportunidad única de incluir una cláusula de obsolescencia –si se permite el símil- para los mandatos de sus cargos. Los que han hecho mili de sobra y no han sido ascendidos por méritos propios, deben asumir que es hora de licenciarse.

Si lo que se pretende es renovar el partido, con sabia e ideas nuevas, mejor es que no se compliquen los nuevos cuadros con pasados que en cualquier momento pueden dejar al descubierto adherencias que abortarían el proceso de modernidad que representa el nuevo secretario federal socialista. Torres no está obligado a devolver favores y, sobre todo, no puede sentirse preso de apoyos recibidos. El único apoyo con el que tiene contraída una deuda es el voto de los militantes socialistas.

El congreso de este fin de semana debe ofertar una carta a escoger por sus asistentes y no un menú decidido a sus espaldas. Y, sobre todo, recién cocinado. Hay que huir de los platos recalentados.

Lo ocurrido en La Laguna con el concejal Zebenzuí González y sus mensajes groseros ha sido un aviso; lo que esos movimientos de placas tectónicas trasladan al secretario general, también. Y él, como buen filólogo, seguro que lee las señales a tiempo y sabe interpretarlas.