Mi punto de vista

Ángel Víctor Torres y el ‘Apolo 11’

16/07/2019

Apolo 11 fue una misión espacial cuyo objetivo fue lograr que un ser humano caminara en la superficie de la Luna. La misión se envió al espacio el 16 de julio de 1969 y llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio. Al día siguiente logró que dos astronautas -Armstrong y Aldrin- caminaran sobre la superficie lunar. Ayer, 16 de julio, se cumplían 50 años de una misión que parecía utópica e imposible. Esta noticia fue recordada ayer en todos los informativos y en los medios de comunicación, y coincidió con la fecha de la toma de posesión de Ángel Víctor Torres como presidente del Gobierno de Canarias, lo que me sirvió como argumento para escribir estas líneas.

Si Ángel Víctor Torres echa la mirada hacia atrás no podía ni imaginar que hoy es el presidente de todos los canarios y canarias. Está claro que se han alineado una serie de astros y que la confluencia de estrellas en declive, así como el resurgimiento de nuevos cometas, han contribuido a la causa, pero él se ha labrado su carrera política a base de tesón y, sobre todo, de mucho diálogo. Su partido, el PSOE, no era ni mucho menos una balsa de aceite cuando él asumió su liderazgo en las islas. Poder encarrilar ese rumbo no ha sido una tarea fácil y ahora saborea las mieles del éxito, aunque es consciente que en política esto puede ser efímero y que las urnas marcan la pauta de futuro. El día a día es fundamental para poder desarrollar la labor encaminada. El nuevo presidente del Gobierno de Canarias es una persona dialogante, que ha iniciado su misión AVT 2019-2022 con el mensaje de que otra Canarias «es posible y necesaria».

Su misión no es fácil. Su particular Apolo 11 será un camino estelar, en el que luchará por lo terrenal y porque los canarios y canarias puedan notar de verdad, sobre todo los más desfavorecidos, que se trabaja por y para ellos. En ese empeño está y para ello será fundamental el equipo que le acompañe en esta tarea, asumiendo la crítica constructiva como ha demostrado hasta el momento.

La visión de la vida del nuevo presidente le cambió hace cuatro años y medio cuando nació su hijo Miguel, como él mismo reconoció en una entrevista a los once meses de nacer el pequeño. Ese sentimiento paternal le ha servido para apaciguar momentos de dificultad y para afrontar los retos con otro prisma. Su agenda, al igual que antes, estará hasta arriba, pero esos momentos con Miguel, esa carrerita para despejar la mente en un paraje de ensueño, con olor a eucalipto y con el barranco de Las Madres como testigo o esa charla distendida en familia serán necesarias para respirar hondo y confiar en esta gran misión que arranca.