Mi punto de vista

Algo de cordura

13/03/2018

Reconozco que el otro día escuché las palabras de Paco Jémez, entrenador de la UD Las Palmas, en sala de prensa tras la derrota ante el Villarreal y aluciné. Antes de ir «a tomar por culo» es necesario algo de cordura en una nave proa al marisco, en el que el máximo responsable técnico huye hacia adelante con un mensaje soez decapitado por los acontecimientos.

Jémez llegó con el ordeno y mando, y su primera decisión, como si de un cuartel se tratase, fue arrestar a Remy por llegar unos minutos tarde. Se cargó al único futbolista que tenía gol hasta ese momento en el equipo. Se rodeó de una guardia pretoriana desconocida. Mercenarios del fútbol, jornaleros del balón, que llegaron con la mejor intención posible, pero en este paraíso si no hay calidad estás muerto. Y esa calidad se la ha cargado y se la han cargado, ya que el equipo ahora juega a no encajar pero sin ninguna chispa ni peligro, con algunas incorporaciones invernales que provocan risa.

Pero esto debe ser analizado más adelante, pero con decisiones. Ya no valen medias tintas como hasta ahora, ya que este club se caracteriza por tener una nómina infinita. Ahora estamos inmersos en un caos, en un túnel sin salida y en la desazón. Todo se ve negro, pero debemos aferrarnos a las matemáticas y a la esperanza. Lo sucedido esta temporada en el seno del equipo amarillo es digno de un estudio minucioso, porque la paranoia es total. Ver a la UD en Segunda es duro, muy duro. Estar alejado del foco mediático, de la actualidad diaria codeándote con equipos de postín como Real Madrid, FC Barcelona o Atlético de Madrid tiene una repercusión en la ciudad y en la isla de un incalculable valor. Perderla es terrible.

Me gustaría poder entrar al vestuario amarillo y hacerles ver que restan 10 jornadas y lo que supone llevar ese escudo en la camiseta. 30 puntos para escapar de la quema y para aliviar a una afición que no merece caer nuevamente al abismo. Es hora de mirar hacia adelante, de que Jémez vuelva a la coherencia, que los jugadores sean conscientes de la importancia de su trabajo y que el club -me refiero a todos- insufle optimismo y apoyo.

Cada partido es un final. La UD parte con una desventaja de 4 puntos -el viernes el Levante recibe al Eibar y se podría incrementar-, pero aún es posible. El viaje a La Coruña es la primera cita de este peregrinaje a la esperanza. Es el momento de quitarse la careta y jugar al fútbol sin temor. Las payasadas ya no se admiten.