Albañilería moderna

El dueño de la empresa, señor Florentino, estaba tomándose un sol y sombra en el bar cuando recibió la llamada de Mbappé

Pío García
PÍO GARCÍA Logroño

Aquel día, Kylian Mbappé, encofrador, reunió a sus compañeros en el tajo, se quitó el casco y el cinturón de herramientas y les anunció que iba a continuar con ellos porque creía mucho en el proyecto. Ahora tenían un par de obras buenas por delante, sobre todo un edificio de siete pisos en Neuilly-sur-rien, y le hacía ilusión seguir levantando paredes con un equipo humano de tanto talento. Sus compañeros lo festejaron con un pastis y después se fumaron unos gauloises sin filtro en el andamio.

La noticia causó un enorme impacto en Construcciones Pérez, que le había hecho una buena oferta de trabajo. El dueño de la empresa, señor Florentino, estaba tomándose un sol y sombra en el bar cuando recibió la llamada de Mbappé. Se le atragantó el farias y soltó cuatro blasfemias. Hace unos meses le había invitado a un cocido y al segundo orujo Kylian le había confesado que su sueño desde pequeñito era trabajar en Construcciones Pérez. «¡Como el de todo quisqui!», le sonrió el señor Florentino. Y ahora... A saber lo que le pagarán en París. Igual 2.000 euros brutos al mes, quién va a competir con eso.

Mientras tanto, los viejos que ven las obras, reunidos en el Mesón El Chiringuito, no salían de su asombro. Se habían pasado años diciendo que Mbappé era el mejor encofrador del mundo y que los mejores encofradores tenían que trabajar sí o sí en Construcciones Pérez. ¡Con lo que se habían reído cuando un tal Messi, carretillero, decidió abandonar Rodamientos Laporta para irse a currar a Reformas San Germán! Los viejos que ven las obras concluyeron amargamente que los peones de hoy solo se mueven por dinero y que la albañilería ha perdido todo su romanticismo.