La arista

Aforados, privilegio a proteger

03/12/2018

Una de las consecuencias de la crisis es que la sociedad española soporta muy mal los privilegios de los políticos. Muchos de sus desmadres y abusos durante la etapa de florecimiento económico han sido duramente condenados. De la alabada cultura del pelotazo, que causaba la envidia de millones de españoles que se miraron en el espejo de hombres como Mario Conde, hemos pasado a la de la exigida austeridad después de descubrir el alto grado de corrupción en los estratos de la alta sociedad y la política. Por caer, cayó hasta el rey Juan Carlos I y su familia.

Los partidos políticos lo saben. Son los apestados de la corrupción, los más observados en todos y cada uno de sus movimientos en torno al dinero y los privilegios. La política tienen muy bien analizado este comportamiento social, que por otro lado se produce en las sociedades democráticamente maduras. Buscan desesperadamente satisfacer a sus electores en este sentido, pero como la política Española no ha salido del trilerismo y quiere seguir protegida a todos los niveles se inventa reformas constitucionales para el espectáculo, para tratar de engañarnos, dar la sensación de que viven a pecho descubierto y que se han acabado los privilegios. Eso en titulares, porque basta leer la letra chica de las propuestas para entender que son un auténtico fraude y que no tienen intención alguna de redimir sus pecados y convertirse en mortales.

Ser aforado es uno de los talismanes de los políticos españoles. Un privilegio que induce a la sospecha dado el alto nivel de politización de la Justicia. Los políticos quieren ser juzgado por los jueces que ellos eligen. En España hay 250.000 aforados. La reforma que el viernes planteó el Gobierno sólo afectaría al 0,25% del total y al 30% entre los políticos aforados. El 70% mantendría el aforamiento. Los titulares, grandilocuentes. Los datos de la letra pequeña son demoledores y ponen de relieve el grado de engaño de la medida.

La idea de eliminar los aforamientos es de Ciudadanos. Pedro Sánchez la lanzó de forma ceremoniosa y con un gran aparato de escena en plena crisis por las dudas que suscitaba su tesis doctoral, con la intención de desviar la atención pública. El viernes, el Consejo de Ministros aprobaba el anteproyecto de ley y Carmen Calvo volvía a escenificar la mentira, traicionando, además, el regeneracionismo del que presume este Gobierno.

Que los políticos mantengan el aforamiento no es tampoco un secreto deseo del PSOE. Es este partido el que, a lo largo de la historia democrática, más veces ha blindado a sus diputados frente al Tribunal Supremo. Un 39,4% de sus diputados fueron salvados por sus compañeros negando el suplicatorio a los tribunales, frente al 6,6% del PP. Este es parte del privilegio. No sólo son juzgados en una sala del Tribunal Supremo, de los jueces elegidos por el politizado Consejo General del Poder Judicial, muy vinculados a la política de todos los bandos, sino que el Parlamento y el Senado pueden vetar al propio Tribunal Supremo e impedir que un diputado sea investigado, como así ha ocurrido. Las Cortes Generales, el Congreso y el Senado, tienen ese privilegio. Es decir los políticos se pueden proteger a sí mismos antes de llegar a un tribunal, y si llegan, son salas bien engrasadas políticamente.

El anuncio es, además, inútil, inviable por el guirigay político que vive España, ya metida en un adelanto electoral inevitable. Por lo pronto se abre un proceso en el Congreso de un año para las modificaciones del resto de los partidos a una ley que modifica otra, la del Poder judicial y la propia Constitución. El Gobierno no ha podido sacar 89 decretos ley que tiene pendiente, ni nos Presupuestos Generales del Estado, y mucho menos podrá meterle mano a la Constitución Española con un PP que domina el Senado y que no está dispuesto a abrir este melón.

Los intereses electorales de cada uno de los partidos impedirá llegar a un acuerdo. El PP no lo hará, Podemos aprovechará para intentar atacar a la Monarquía, y ha dicho que las reformas constitucionales pasan por un referéndum; y los independentistas y nacionalistas querrán meter cuchara en las cuestiones territoriales y Ciudadanos no jugará a un engaño con los aforamientos.

El PSOE y el Gobierno saben perfectamente que la política que practican está en un callejón sin salida. Tienen un Gobierno que no es viable, que juega a los globos sondas para ver si los titulares les proporcionan la estabilidad y el poder del que carecen. No habrá eliminación de aforados, y si la hay será una mentira más de las tantas que estamos escuchando en estos últimos seis meses.