Primera plana

10N, elecciones generales

15/07/2019

Cada día que pasa se antoja más difícil que PSOE y Podemos alcancen un acuerdo. Pedro Sánchez no asume que la responsabilidad de obtener los apoyos es suya y pretende, en su estilo, endosar al resto su propia responsabilidad. La última jugada que ensaya es pretender que el centroderecha se abstenga en su favor cuando justo el propio Sánchez criticó en su momento a un sector del PSOE (hoy arrinconado) que quiso evitar los terceros comicios y se abstuvo en beneficio de Mariano Rajoy como mal menor. Así las cosas, el PSOE debe retratarse y escoger apoyos a la derecha o a la izquierda con todo lo que ello conlleva. No puede pretender sumar los escaños de Podemos, otra vez, a cambio de nada. Pablo Iglesias, guste o no, con toda la razón del mundo, reclama naturalmente estar en el Gobierno. Eso sí, lo que ocurre es que sería un salto cualitativo en cuanto que la entrada de ministros de Podemos (políticos y no técnicos, al igual que los socialistas) supondría tener al vigilante dentro de casa y Sánchez teme que esto con el tiempo altere la balanza dentro de la izquierda.

«No hay más opciones. Y si el 10N hay cita con las urnas el resultado será similar. Volveremos al punto de salida. ¿Qué sentido tiene el veto del PSOE a Podemos?»

Otro factor a tener en cuenta es que para el otoño lo suyo es que ya se conozca la sentencia del Tribunal Supremo en el procés. Y esto exigirá mascullar los posibles indultos y, a la larga, abrir el debate territorial. Y esto es harina de otro costal, especialmente si tenemos en consideración que la clave territorial castiga más a la izquierda que a la derecha. Los soberanistas catalanes no tienen la fuerza suficiente para decretar la independencia de manera unilateral pero sí para estancar la vida política e institucional del país hasta el punto de poder finiquitar a este paso el llamado sistema del 78.

El aroma a nuevas elecciones está instalado en la calle. Y los partidos políticos van preparándose para un horizonte electoral en el que la participación será más baja que la anterior ocasión y Sánchez no podrá aferrarse al miedo a Vox que ya se ha diluido. Los nervios están a flor de piel dentro de las organizaciones porque hay que reelaborar las listas y algunos de los que salieron podrán quedarse fuera con una representatividad diferente a juicio de la ciudadanía tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado. La suerte hay que volver a repartirla.

Ya no son posibles los gobiernos monocolor. Y esto nos lleva irremediablemente a una nueva fase en la que no todos los partidos estarán preparados para convivir dentro de un Ejecutivo con su principal competidor a escala nacional o tener que girar al lado ideológicamente opuesto. No hay más opciones. Y si el 10N hay cita con las urnas el resultado será similar. Volveremos al punto de salida. ¿Qué sentido tiene el veto del PSOE a Podemos? Ninguno. Tan solo acaparar poder en vez de aprovechar la oportunidad de un gobierno de izquierdas que encare, de verdad, el asunto catalán. Mirar hacia otro lado no sirve para nada. Quizá ni para ganar tiempo.