La sombra de la crispación sobrevuela el día de puertas abiertas en el Congreso

ATLAS ESPAÑA

En vísperas de que se celebre el día de la Constitución, el Congreso ha vuelto a abrir sus puertas a los ciudadanos. Este sábado era el último día para visitar la Cámara Baja, y ha habido un comentario casi unánime: la crispación, y el intercambio de insultos que últimamente abundan entre los diputados. Sus señorías, que han recibido a los visitantes de brazos abiertos y dispuestos a explicarles hasta el mínimo detalle de lo que se han encontrado en el hemiciclo, no viven sin embargo su mejor momento para enseñar modales. La Cámara vive en un incendio permanente que no hay quien apague. "Un poco crispada ¿no?", confirmaba, en modo pregunta, un hombre curioseando entre los escaños. "¡Parece mentira!", señalaba otro ciudadano perplejo con el tono que se gastan los políticos en los recientes debates. Imbécil, fascista, violencia política... son algunos de los términos que se han hecho famosos estos últimos días al sonar desde la tribuna. De cara al público, en la jornada de puertas abiertas, todo han sido sonrisas, selfies, buenas caras... En la intimidad de las sesiones, la historia que se ha escrito es muy distinta. Salpicada de bronca, insultos y descalificaciones mutuas. El público -su público- dice que espera otra cosa de sus representantes. "Que no haya tanto mal rollo", resumía una mujer encantada de su paso por el Congreso. ¿Todo lo que se oye es lo mismo? No. ¿Quién empezó? Se puede discutir. En plena fiesta, sin embargo, no parecía el momento. -Redacción-