Yolanda Díaz, junto a Ione Belarra, secretaria general de Podemos, en un acto del Orgullo Gay. / efe

Yolanda Díaz se ve urgida a apretar el paso ante la erosión electoral de las izquierdas

La advertencia del 19-J y el duro tira y afloja en el Gobierno ante el plan anticrisis han servido para que la vicepresidenta y Podemos «resintonicen»

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

La cita es este viernes, 8 de julio, a las 19:30 en el Matadero de Madrid. No deja de tener retranca el lugar –hoy, un espacio abierto a la creación artística y el debate de ideas– elegido por Yolanda Díaz para la puesta de largo de su 'proceso de escucha', esa suerte de embrión de proyecto político que aún no está del todo claro que vaya a cristalizar en su candidatura a la Presidencia del Gobierno del que ahora forma parte. La política española lleva tiempo asemejándose a una trituradora y la vicepresidenta coruñesa viene desplegando un acendrado galleguismo sobre si sube o si baja con su iniciativa, trufada además de desencuentros públicos con Pablo Iglesias y de desafección con las ministras de Podemos Ione Belarra –líder ahora, además, de Podemos– e Irene Montero. Pero la arena del reloj se filtra cada vez más veloz, acelerada por ondas sísmicas como las que ha extendido la debacle de las izquierdas en las elecciones de Andalucía.

Díaz se sometía el 19-J a su primer test electoral de una manera singular: dado que lo único corpóreo por el momento de su proyecto es el registro de la marca Sumar y el lema que desemboca en ese verbo –'escuchar, dialogar y cuidar'–, la vicepresidenta amadrinó con su carisma la lista de Por Andalucía que aunó, no sin tiranteces, a Podemos, IU y Más País. Lo que ha escuchado la también ministra de Trabajo de ese primer contraste con las urnas ha sido el estruendo de que las izquierdas a la izquierda del PSOE, divididas a su vez en dos candidaturas, se dejaran 10 de sus 17 escaños en suelo andaluz.

La mayoría absoluta del PP constituye no solo un aplastante aviso a navegantes sobre dónde se encuentra el 'voto rojo' frente a la crecida del centro-derecha aglutinado ahora en torno a las expectativas de Alberto Núñez-Feijóo. También sobre el tirón de la vicepresidenta, que no termina de aterrizar en un programa concreto sus ambiciones de cohesionar a las izquierdas yendo más allá, sociológicamente, de su actual pluralidad de siglas.

Dos semanas después del veredicto andaluz y a cinco días de que Díaz vaya, literalmente, al Matadero, afloran entre los afines a Díaz dos consideraciones que pueden interpretarse también como sendas apelaciones: una, la necesidad de una sintonía más afinada entre la candidata que aún no lo es y la dirección de Podemos; y dos, que ella misma debe «apretar el paso» si no quiere ver caducado su proyecto, previo proceso de escucha, antes de alumbrarlo en forma de candidatura.

Hará bandera en Roma de la legislación laboral española antes de abrir este viernes en Madridsu 'proceso de escucha'

Las izquierdas han acotado su autocrítica del revés en Andalucía –que en el caso de las confluencias en torno a Podemos inciden en un declive electoral que se ha cobrado un centenar de asientos autonómicos desde 2016– y Díaz no lo ha evaluado públicamente. De puertas hacia dentro las fuentes consultadas tampoco se flagelan, pero sí admiten no solo el lastre del ruido que rodeó a la plancha andaluza. También, en el análisis de una parlamentaria de Podemos, que las izquierdas no están logrando atraer al electorado desafecto con la política.

Y para ello, comparten los medios consultados, es preciso que Díaz «resintonice» con Podemos. Un trabajo común y más engrasado que se ha dejado sentir desde la resaca electoral en la defensa por la vicepresidenta de las medidas anticrisis abanderadas por los morados –del cheque a las familias vulnerables que llevaba tiempo reivindicando Belarra al impuesto a las eléctricas– en las arduas negociaciones con el ala socialista del Gobierno para el decreto aprobado hace ocho días.

Pero junto a la constatación de la rémora que han supuesto las rencillas y disonancias internas, hay coincidencia también en que el escenario, a un año de la oleada de elecciones municipales y autonómicas, llama a que la vicepresidenta avive el ritmo de sus propósitos. Propósitos que echarán a andar este viernes después de un viaje a Roma en el que presentará a España como un referente en legislación laboral.