Pedro Sánchez y António Costa, en la segunda jornada del congreso de la Internacional

Sánchez estrena liderazgo de una Internacional Socialista en declive

El presidente del Gobierno estuvo acompañado en la segunda jornada del congreso de la organización por el portugués Antonio Costa, la otra figura destacada de la socialdemocracia europea

A. AZPIROZ | C. VALLEJO Madrid

Pedro Sánchez asumió el viernes la presidencia de una Internacional Socialista con mucha solera histórica pero muy venida a menos en las últimos años. Tanto que en la jornada inaugural del congreso que este fin de semana se celebra en Madrid la organización saliente poco menos que hizo la ola a la hora de reconocer a los partidos socialdemócratas que aún se mantienen al día en el pago de sus cuentas de afiliación.

Ayer, un día después de la designación de Sánchez por aclamación, el ambiente aparentó un poco más glamuroso, aunque solo fuera por la presencia junto al presidente del Gobierno del primer ministro de Portugal, Antonio Costa, el otro gran baluarte a día de hoy del socialismo europeo junto al jefe del Ejecutivo español.

Sánchez y Costa, moderados por la ministra María Jesús Montero, participaron en una mesa de análisis sobre un tema en el que se mueven a sus anchas: la transición energética. España y Portugal no solo son puntales a nivel continental en fuentes renovables, sino que sus dos mandatarios se colgaron una medalla a la hora de arrancar a la Unión Europea la 'excepción ibérica' del tope del gas para frenar la escalada de precios en la factura de la luz.

Vídeo. Sánchez defiende las energías renovables en el Congreso de la Internacional Socialista. / EP

Sánchez y Costa, moderados por la ministra y número dos del PSOE María Jesús Montero, compartieron una mesa de análisis sobre un tema en el que se mueven a sus anchas: la transición energética. España y Portugal no solo son puntales a nivel continental en fuentes renovables, sino que sus dos mandatarios se colgaron una medalla a la hora de arrancar a la Unión Europea la 'excepción ibérica' sobre el tope del gas para frenar la escalada de precios en la factura de la luz.

El líder del PSOE contrapuso el compromiso del socialismo con el medio ambiente con las posiciones de la ultraderecha e, incluso, de la derecha española y portuguesa. «Los primeros no creen en el cambio climático y los segundos dicen que sí existe, pero actúan como si no existiera», afirmó Sánchez.

Un historía repleta de luchas internas

La de la Internacional es la historia de un conflicto impenitente que dura ya un siglo y medio. El inicio del relato se remonta a los años sesenta del siglo XIX. En su primera «edición» se integraron anarquistas y socialistas y tuvo como primera denominación Asociación Internacional de Trabajadores. Pero la convivencia de las dos grandes corrientes del movimiento obrero internacional no tuvo una gran continuidad en el tiempo. La agridulce experiencia de la Comuna de París (1871) reforzó a los marxistas en su convicción de que el movimiento proletario debía estar más centralizado y organizado y también sobre los pasos y las fases que consideraban que habían de darse para una revolución exitosa, principios todos ellos que los enfrentaban sin posibilidad de acuerdo con los libertarios.

Los partidarios de Bakunin y los seguidores de Marx terminaron rompiendo y estos últimos organizaron la Segunda Internacional -en la que hunde sus raíces la actual Internacional Socialista-, que se constituyó oficialmente en Bruselas en 1891 con gran protagonismo de los socialistas alemanes y después también de los franceses. La misión de esta organización era que en cada país se fundara un único partido socialista y que todos los que se constituyeran estuvieran coordinados y respondieran a una estrategia común con el objetivo de lograr una participación política efectiva, aceptando, por tanto, las reglas del juego de las democracias burguesas. Pero esta Internacional también estuvo condenada a la ruptura.

Desde los primeros años del siglo XX en que ya se respiraba ambiente de preguerra en Europa, comenzaron a abrirse dos tendencias: por un lado, aquella que apenas discutía su identificación con los intereses nacionales; frente a ésta, la pacifista, antiimperialista y más internacionalista, que combatía los esfuerzos bélicos, ya que sus teóricos defendían que los intereses de los trabajadores de todos los países eran comunes, que no entendían de fronteras, lo que les llevaba a desalentar la identificación de los partidos obreros con los intereses declarados de cada Estado, que asimilaban con los de su clase antagonista, la burguesía.

La ruptura entre la Segunda Internacional y la Tercera que terminó constituyéndose se produjo tras el triunfo de la Revolución de 1917, una vez que Rusia se retiró de la Primera Guerra Mundial. Las grietas que abrió la diferente posición de sus teóricos sobre el conflicto bélico terminó en fractura absoluta por la aversión que se profesaban mutuamente reformistas y revolucionarios. La Tercera Internacional, la Komintern, también tuvo efectos políticos en todo el mundo, ya que en torno a 1920 se fundaron los Partidos Comunistas de un gran número de países, como en España, Portugal o Italia, que durante gran parte del siglo XX estuvieron bajo la órbita e influencia de Moscú.

A esa Tercera Internacional se le desgajó una Cuarta después de que Stalin llegara al poder en la Unión Soviética y le surgiera un fervoroso y agudo crítico: Trotsky. Esta última organización llegó a tener su sede en Nueva York y sobrevivió a su promotor, que fue asesinado por el agente estalinista español Ramón Mercader.

La era actual

La Internacional Socialista fue resucitada en la década de los 50 del siglo XX. Estaría ya formada únicamente por formaciones socialdemócratas, lo que evitó las históricas batallas ideológicas del pasado.

Su máximo esplendor se produjo durante los mandatos del excanciller Willy Brandt entre 1976 y 1992. La organización reunía entonces a líderes socialistas de carisma mundial como el noruego Olof Palme, el francés François Miterrand o Felipe González.

La presencia de partidos como el de los dictadores egipcio Hosni Mubarak o el tunecino Ben Ali desdibujó los ideales democráticos de la Internacional, de la que el histórico partido socialdemócrata alemán se desvinculó en 2011. Sánchez se propone ahora resucitar el prestigio internacional de la organización progresista.