Sánchez exhibió unidad en la primera jornada de Congreso del PSOE, rodeado su Gobierno y los barones. / EFE

Sánchez emprende el camino de vuelta a un PSOE clásico cuatro años después

El jefe del Ejecutivo se desprende del perfil con el que recuperó el cetro socialista en 2017 y devuelve peso a los barones

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

«Unidad y socialdemocracia». De eso dice el propio Pedro Sánchez que irá el 40 Congreso Federal que el PSOE celebra desde este viernes en Valencia. Son solo dos palabras pero en ellas se condensa mucho. Hablan de la pacificación del partido después de la guerra fratricida vivida hace cuatro años, pero también de lo poco que tiene que ver el perfil que hoy se afana en proyectar el, desde 2018, presidente del Gobierno con el del político herido que se aupó en un discurso escorado a la izquierda, se rodeó de 'outsiders' y lideró una rebelión de la bases contra el aparato para recuperar la secretaría general, de la que había sido despojado en octubre de 2016. Los tiempos del «no es no» a Mariano Rajoy.

El cambio de clima era este viernes ya palpable en la primera y más relajada jornada del cónclave, a la que dirigentes y delegados se entregaron con ánimo festivo. El 39 Congreso fue casi para la mitad del partido un funeral. Hacía solo un mes que Sánchez había vencido a Susana Díaz (y Patxi López) en las primarias más virulentas que jamás ha vivido el partido y lo había hecho en contra de todo los que hasta entonces habían sido los grandes referentes del PSOE, prometiendo más poder a la militancia y abrazando postulados de Podemos, cuyo aliento aún sentían los socialistas en el cogote. 'Somos la izquierda' fue el lema de aquella cita. El de la actual: 'Avanzamos'.

El presidente del Gobierno ha emprendido el camino de vuelta hacia un PSOE más clásico. No solo en sus propuestas, también en su funcionamiento. El gran titular político hace cuatro años fue que los socialistas asumían la «plurinacionalidad» del Estado español e impulsarían una reforma constitucional para su reconocimiento. La ponencia que se votará este fin de semana se limita a hablar de la «España multinivel moderna». Y es solo una muestra de su moderación. En lo órganico, los barones, apartados de la toma de decisiones, recuperarán papel.

LA CLAVE:

  • Modelo territorial. El gran titular del 39 Congreso, la asunción de la «plurinacionalidad», es ahora papel mojado

  • Unidad. La participación de Felipe González en el cónclave de Valencia es para la dirección todo un hito

Está por ver cómo se configura el domingo el Comité Federal, máximo órgano entre congresos, y la frecuencia con la que se convocará (no muy a menudo en los últimos años), pero lo que ya se sabe, y confirmó este viernes la vicesecretaria general del partido, Adriana Lastra, es que se acometerá un cambio en los estatutos aprobados en 2017 para revertir la prohibición de que los líderes territoriales formen parte de la ejecutiva; un veto muy relacionado con el hecho de que entre los dirigentes que dimitieron en 2016 para forzar la salida de Sánchez se encontraran el valenciano Ximo Puig, designado este viernes presidente del 40 Congreso, y el castellano-manchego Emiliano García-Page.

En la nueva dirección federal habrá, al menos, un barón con cargo ejecutivo, el extremeño Guillermo Fernández Vara, que asumirá la secretaría de política autonómica en lugar de el exlehendakari Patxi López. Vara dejará a su vez la presidencia del Consejo de Política Federal, el que reúne a Sánchez con todo el poder territorial. El líder socialista ha decidido que recaiga en Juan Espadas, sustituto de Susana Díaz al frente del PSOE andaluz.

Bandera enterrada

Espadas encierra, a su vez, la paradoja del cambio en el PSOE. Si en 2017, en la batalla de las primarias, el hoy secretario general hizo bandera de su negativa a facilitar la investidura de Rajoy con su abstención, lo primero que ha hecho el alcalde de Sevilla como líder del partido en su región es tender la mano al presidente de la Junta, el popular Juanma Moreno, para aprobar los Presupuestos. Y no ha sido desautorizado por el jefe del Ejecutivo.

El reencuentro con el PSOE del que él mismo formó parte durante toda su juventud como uno de los 'cachorros' del exvicesecretario general José Blanco, ya pudo visualizarse en la crisis de Gobierno de julio. Aquel cambio, implicó, entre otras cosas, el relevo de Iván Redondo por Óscar López, exsecretario de Organización, como jefe de gabinete y sirvió para mejorar la conexión entre la cúpula del partido y Moncloa, algo que Sánchez considera primordial a las puertas de un ciclo electoral que podría empezar en 2022 con eleccines anticipadas en Andalucía o Castilla y León. Ese vínculo se reforzará con la entrada en la ejecutiva de la número dos de López, Llanos Castellanos y según adelantó Lastra, de algunos ministros. En las quinielas: el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños y la de Educación, Pilar Alegría.

Este viernes, víspera de que los delegados debatan la ponencia en comisiones, los socialistas exhibieron unidad en una foto de Sánchez, los barones y el ala socialista del Gobierno casi en pleno (solo faltó Margarita Robles). Pero el plato fuerte llegará este sábado con las intervenciones de José Luis Rodríguez Zapatero, Joaquín Almunia y, sobre todo, Felipe González. «No es un dato menor -presumen en la dirección del partido- porque hacía años que no participaba en un congreso».