Sánchez y Aragonès se reúnen el pasado 29 de junio en Moncloa. / ep

El PSOE, del plurinacionalismo a la España multinivel en cuatro años

El modelo territorial, que sustituye al propuesto por los socialistas en su 39 Congreso Nacional, despierta suspicacias entre sus barones

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

Entre la «España plurinacional»y la «España multinivel»han pasado cuatro años. Un periodo en el que el partido de Pedro Sánchez ha transitado desde la oposición, en un contexto de división en Ferraz, a representar al Gobierno en la mesa de diálogo con Cataluña, que se retomará el próximo 13 de septiembre. Las prioridades han cambiado y la cuestión catalana es una de las grandes preocupaciones en Moncloa. El nuevo modelo territorial que los socialistas proponen para su 40 Congreso Nacional, que se celebrará en octubre en Valencia, busca alumbrar un nueva relación entre el Gobierno y las comunidades al calor del federalismo al mismo tiempo que despierta suspicacias entre sus propios barones.

Pese a que los socialistas pasaron de puntillas sobre el asunto catalán en el documento que presentaron en la Ponencia Marco para preparar su Congreso, apuestan en el texto por el diálogo para «estrechar lazos» y reforzar la cogobernanza y coordinación. Una llamada a la Generalitat, por un lado, a renunciar al independentismo y buscar encaje en el Estado, una vez que el Gobierno daba por saldada la cuestión de los indultos a los condenados por el 'procés'.

Y por otro, un giro con el que se aparca definitivamente la cuestión de «perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional de España» y que centró buena parte del debate en el 39 Congreso Nacional, el que supuso la gran victoria de Sánchez sobre el 'establishment' socialista representado en aquellas primarias por Susana Díaz (y también por Patxi López).

En el documento hay dardos contra el PP y Vox, sobre los que personifican «la amenaza del neocentralismo».En contraposición a esa idea, el PSOE describe, de forma ambigua, el concepto de España multinivel como «la que ofrece cauces democráticos y de diálogo para dar salidas a situaciones como las de Cataluña, en clave de mayor profundización del Estado de las autonomías».

Este modelo ya se puso en práctica el pasado 2 de agosto, cuando se retomó, tres años después de la última, la Cumbre Bilateral Cataluña-Estado y que supuso el primer hito de esta España multinivel. Se pactó la ampliación del Aerouerto de ElPrat, crear un grupo de trabajo para estudiar la viabilidad de otros traspasos de competencias –entre las 56 peticiones que la delegación de la Generalitat llevaba bajo el brazo–, además del compromiso a mantener estas citas, al menos, una vez al mes.

El encuentro se produjo solo tres días después de que el presidente catalán, Pere Aragonès, fuera la única ausencia de la Conferencia de Presidentes, celebrada el viernes anterior en Salamanca. Esto aumentó las suspicacias de otras comunidades, que perciben la maniobra como la continuación de una «vieja costumbre», «la de privilegiar al País Vasco y a Cataluña», lamentaba el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Críticas que también llegaron de entre sus propios barones. «Cada día inventan un término nuevo. No puede haber niveles, hay diferencias», afirmó el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page.

La senda autonómica

Moncloa, por su parte, se defiende de dichas acusaciones y sostiene que este tipo de cumbres se celebrarán con todas las comunidades. Consideran, además, que la participación de la Generalitat en este tipo de reuniones bilaterales supone el regreso de Junts y, sobre todo, de ERC a la senda autonómica. «Este es el inicio de un camino fructífero», señaló la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, en la rueda de prensa posterior a la celebración de la cumbre con Cataluña.

Pero a falta de un mes para el regreso de la mesa de diálogo, la coalición que forman ERCy Junts sigue sin estar dispuesta a renunciar a sus dos objetivos principales:la celebración de un referéndum de autodeterminación y la amnistía para los condenados por el 'procés' y los líderes independentistas huidos tras el 1-O.