Pedro Sanchez y Pablo Iglesias. / Efe

El PSOE confía en ganar autonomía frente a Podemos tras los Presupuestos

Sánchez e Iglesias han descartado en los últimos días una remodelación del Gobierno pero los socialistas creen que habrá que «ajustar» cosas

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

Pablo Iglesias está exultante. Lo demostró hace dos días cuando, constatado ya que los Presupuestos Generales del Estado saldrán adelante este jueves con el apoyo de ERC y Bildu y sin el de Ciudadanos, aseguró que ese escenario por el que tanto ha trabajado públicamente «refuerza una dirección de Estado progresista». La foto de las alianzas presupuestarias genera inquietud en una parte del PSOE, fundamentalmente entre sus dirigentes históricos y los barones territoriales de la España central. Pero en el Gobierno y en la dirección del partido sostienen que no hay para tanto.

Si algo le gusta repetir al director de gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo, es que hay que saber diferenciar «la señal del ruido». Y para Pedro Sánchez y buena parte de sus ministros lo fundamental es que con la aprobación de las cuentas se garantiza, a priori, que no habrá elecciones anticipadas en plena pandemia y con una crisis económica sin precedentes. Si para lograrlo ha habido que permitir que el vicepresidente se cuelgue medallas –como la de la ampliación de la moratoria antidesahucios, la regulación del alquiler en zonas tensionadas o su inclusión en la comisión de reparto del fondo europeo de rescate– dicen, bien pagado está.

«Eso de que Iglesias nos lleva del ronzal hacia donde quiere no es creíble ni real sino más bien producto del activismo mediático propio de su formación», dice una ministra socialista frente al temor expresado hace un par de semanas por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. El líder de Podemos tiene muy interiorizado que la única manera de no quedar diluido como miembro minoritario de la coalición de Gobierno es escenificar las discrepancias. En el PSOE confiesan que es algo molesto y dan por descontado que no habrá rectificación pero no lo ven trascendente.

«Iglesias era un problema cuando las encuestas le daban un 25% del voto –alega un dirigente socialista– ahora lo único que pide es existir, pero somos nosotros quienes lideramos el Gobierno y quienes podemos capitalizar el voto de la izquierda». En Moncloa no niegan que hayan tenido que hacer concesiones, pero insisten en que su socio no ha ganado ni mucho menos todos los pulsos internos y que también ha tenido que claudicar en muchas ocasiones. «Gobernar es comer sapos a diario; pública o privadamente», remarca un colaborador de Sánchez.

Unidas Podemos no ha tenido más remedio que tragar con una subida de impuestos que queda muy lejos de lo que reivindicaba hace menos de un año, cuando hablaba de subir el IRPF a quienes cobraran más de 60.000 euros al año (los Presupuestos lo elevan en tres puntos a las rentas del capital a partir de 200.000 euros y en dos a las rentas del trabajo a partir de 300.000 euros). Tampoco su voz ha servido mucho frente a las devoluciones de inmigrantes «en caliente» o incluso esta misma semana votó en contra de una enmienda de ERC para eliminar el presupuesto de la Casa Real con el argumento de que no era realista y que hacerlo afectaría «a la institucionalidad y no solo a la Familia Real».

Dos años más

Los mencionados son ejemplos, para el PSOE, de hasta dónde llegan los fuegos de artificio de su socio de coalición. Y algunos dirigentes dan por sentado que con las Cuentas en vigor, el margen de maniobra de Sánchez será aún mayor. Aunque tanto el presidente como Pablo Iglesias han descartado en los últimos días que vaya a haber una remodelación del Gobierno, en el partido creen que la capacidad de ejercer presión del socio minoritario se verá mermada. «Se aprobarán los Presupuestos con suficiencia y ahora –insiste un miembro de la ejecutiva– tenemos dos años para ir ajustando cosas».

Ese «ir ajustando cosas» también afecta a la relación con las fuerzas independentistas, La actual dirección del PSOE desdeña los temores expresados por Felipe González, Alfonso Guerra o algunos barones ante el apoyo de ERC y EH-Bildu, a las Cuentas públicas. De un lado, porque, independientemente de sus intenciones futuras, y a diferencia de lo que ocurrió en 2019 con Esquerra, estas dos fuerzas han aparcado las reivindicaciones soberanistas en la negociación presupuestaria para centrarse en políticas sociales o inversiones para sus territorios. De otro, porque Sánchez está decidido a seguir buscando acuerdos con Ciudadanos.

Que en esta ocasión no iba a ser posible amarrar el apoyo del partido de Inés Arrimadas era algo que muchos en el PSOE daban por sentado. «Es la historia de la manta: si te tapas la cabeza, te destapas los pies», apunta un dirigente. Con Podemos en el Gobierno el margen para apoyarse en una mayoría distinta de la de la investidura era escaso, pero dar juego a los liberales ha permitido al Gobierno «abaratar» el apoyo de los independentistas. Y tanto en el partido como en la Moncloa sostienen que no hay que prejuzgar cuáles serán las futuras relaciones con los socios.

Los socialistas vascos y los catalanes creen que el Gobierno se ha beneficiado ahora de un cambio en las estrategias de ERC y Bildu, que venía fraguándose desde hacía ya meses pero que la crisis provocada por la pandemia ha contribuido a apuntalar. Entienden que ambos han llegado a la conclusión de que para ganar base social deben cobrar protagonismo político en el Congreso y presentarse como partidos de gestión y que el clima de polarización actual les empuja a centrarse en la batalla ideológica contra la derecha. «Bildu está en pugna con el PNV y no necesitaba que le diéramos nada más que visualización; están buscando normalizar su presencia –apunta un cargo parlamentario– y Esquerra ha sabido leer que en este momento el ciudadano no quiere confrontación».

Pero las cosas pueden cambiar. En Cataluña, por lo pronto, el resultado de las elecciones del 14 de febrero será determinante. Y en el conjunto del país una eventual recuperación económica puede dar pie a otro escenario. «La legislatura va a ser muy larga; quién sabe cómo evolucionará», concluyen en el entorno del presidente.