Dos jóvenes se apoyan en la barandilla dela Plaza del Mar, un mirador con vistas hacia el puerto, mientras la calima va cubriendo la ciudad. / X. G.

Nubarrones sobre el crisol

Melilla. Acoge con escepticismo el acuerdo entre Madrid y Rabat, aunque sus habitantes esperan que la reapertura de la frontera les aporte algo de aire tras dos años de «asfixia»

XABIER GARMENDIA Madrid

Apenas se ha sentado en un banco para hojear la prensa local y Vicente ya empieza a refunfuñar: «Hoy el periódico viene cargadito de mentiras». El ejemplar incluye un amplio despliegue informativo por la visita de Pedro Sánchez la víspera a Melilla, adonde acudió el miércoles para defender que el acuerdo con Marruecos garantiza la «integridad territorial» de la ciudad autónoma. A este jubilado ni mucho menos le convencen las palabras del presidente porque «no nos podemos fiar» del país vecino. En segundo plano, escucha y asiente de forma decidida uno de los barrenderos que limpian el céntrico parque Hernández cada mañana.

En este crisol de culturas, religiones e idiomas de apenas 12 kilómetros cuadrados, no se habla de otra cosa. En todo caso, aquí también preocupan cuestiones recurrentes al otro lado del Mediterráneo como la subida de la luz y el combustible, por mucho que en este enclave español el litro de gasolina no alcance ni los 1,40 euros. A casi 600 kilómetros en línea recta de Madrid y a casi 400 de Rabat, los melillenses están irremediablemente acostumbrados a que los vaivenes entre ambos gobiernos condicionen su día a día. Así que ahora, pese a los esfuerzos de Sánchez por convencerles de que eso ya no será así, acogen su promesa bajo un extremo escepticismo.

«Viene aquí, nos cuenta un cuento para ver si nos lo creemos y se marcha, que seguro que tiene cosas más importantes...», se queja la veinteañera Suhaila en la zona del puerto. Alzando la mirada, se puede observar allí arriba el Parador de Melilla, que delante del edificio luce las banderas de todas las comunidades y ciudades autónomas, además de la nacional. «Pero aquí somos españoles de segunda», se duele la joven, que como la mayoría de habitantes es musulmana. La falta de inversiones en la zona y la situación de «abandono» es una crítica recurrente entre la ciudadanía.

La valla melillense registró a principiosde este mes uno de los saltos más masivosen años. / EP

Por si fuera poco, las consecuencias de la pandemia han acentuado los problemas estructurales que ya existían. La frontera con Marruecos lleva cerrada desde hace dos años y su impacto se nota en casi todos los sectores. Al volante de su taxi, un clásico Mercedes C200 blanco destartalado que vibra por todas las esquinas cuando mete primera, Carlos da fe de que la ciudad lo está pagando caro. «Hay mucho marroquí que trabaja aquí y se ha quedado sin forma de ganarse la vida, ha dejado de llegar pescado y verduras que eran más baratas, nosotros hacemos menos servicios...», relata.

El acuerdo anunciado por Sánchez abre ahora cierta ventana de esperanza porque parece suponer la inminente reapertura de la frontera. Pero la desconfianza es palpable. Y es que son muchos los melillenses que dan por hecho que el paso no lleva tanto tiempo cerrado por cuestiones estrictamente sanitarias, sino por una orden de Mohamed VI para «asfixiar» económicamente la ciudad. «Siempre ha funcionado así, él tiene un botón con el que hace y deshace a su antojo, también con la valla. Si le va mal, lanza a unos cuantos para que la salten. Si le va bien, por ahí no cruza ni Dios», sigue explicando Carlos.

Desconfianza

Ni mucho menos se fían de que el entendimiento vaya a traducirse en que Rabat renuncie a su histórica reivindicación de la marroquinidad tanto de Melilla como de Ceuta. En el Paseo Marítimo, a la altura de la Playa de los Cárabos, Esther y Fátima, cuñadas entre sí, muestran una elocuente imagen que estos días ha corrido de teléfono en teléfono. Es el mapa de Marruecos que tiene colgado en internet su embajada en España y en el que ambas ciudades autónomas aparecen dentro de sus fronteras. «Nunca van a desistir», auguran.

La falta de inversiones en la zona y la situación de «abandono» por parte de Madrid es una crítica recurrente entre la ciudadanía

Amenaza lluvia entre oscuros nubarrones y la intensa calima está por llegar para cubrir todo de naranja con un aire irrespirable, pero Vicente sigue enfrascado en la lectura del periódico. Se pregunta cómo alguien puede confiar en un acuerdo del que Rabat guarda por ahora silencio sobre su cumplimiento estricto, y no termina de entender dónde está la contrapartida para el Gobierno español: «O sea, que les dan el Sáhara, algo que no les corresponde, a cambio de que no se queden con Ceuta y Melilla, algo que tampoco les corresponde. ¡Vaya negocio, oiga!».