El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, este miércoles en el Congreso.. / EFE

El PSOE arropa a un Marlaska enrocado ante el asedio de sus socios y del PP por Melilla

El ministro, más solo, no se apea de su versión pese a que los hechos le desmienten e insiste en que los muertos no fueron en suelo español

MELCHOR SÁIZ-PARDO Madrid JAVIER ARIAS LOMO

La tragedia de Melilla se encamina a un punto muerto mientras no se judicialicen, si es que algún día sucede, los hechos del dramático 24 de junio en la frontera. 159 días después de aquel viernes en el paso de Barrio Chino en el que fallecieron entre 23 y 72 inmigrantes, según el balance de Marruecos o el de las ONG, el ministro Fernando Grande-Marlaska se sacudió cualquier tipo de responsabilidad ante el pleno del Congreso en el que tuvo que volver a comparecer. Y ello a pesar de que los indicios que le desmienten –entre ellos los vídeos, documentos e informes publicados por este periódico– se le han acumulado durante las últimas semanas.

El titular de Interior se ha enrocado. No se movió este miércoles un milímetro de su cada vez más cuestionada versión e insistió en su mantra de cuatro versos: no hubo muertos en la zona española; la actuación de la Guardia Civil fue impecable a pesar de la «violencia» de los inmigrantes; los propios subsaharianos acabaron siendo los causantes de su fallecimiento al quedar atrapados en un «embudo»; y todas las instituciones, informes, imágenes e investigaciones periodísticas que cuestionan su verdad se basan en «conjeturas, especulaciones, falsedades, mentiras o insinuaciones».

Grande-Marlaska solo convenció a los suyos –el PSOE– y un poco a Vox, convertido en incómodo aliado del Gobierno en este asunto. El Grupo Socialista, con un Patxi López a la cabeza que bajó a abrazarse con el ministro, quiso escenificar su respaldo al titular de Interior y dejar claro que está dispuesto a encastillarse con él a la espera de que el temporal amaine, siempre que a la Fiscalía no le dé por denunciar los hechos por entender que se registraron bajo soberanía española o que agentes nacionales tuvieron algo que ver con el desenlace.

Los socialistas son conscientes de que el juego de intereses aleja, como así está siendo, la posibilidad de una comisión de investigación sobre la actuación de su ministro, avalado expresamente por el presidente Sánchez. El PP, que continuó con sus ataques a la figura de Grande-Marlaska, siguió, sin embargo, sin confirmar su apoyo a la creación de esa comisión para no tener que votar a favor de una propuesta de Bildu o ERC y que, además, supondría el interrogatorio de mandos de la Guardia Civil. Y tampoco si impulsará una propia.

Con una Unidas Podemos que anduvo más tibia en sus reproches que en otras ocasiones y con ERC llegando a pedir la dimisión de Grande-Marlaska, este optó por un 'sostenella y no enmendalla' y tratar de llevar la crisis a un vía muerta. Grande-Marlaska dejó claro que no tiene intención de admitir la más mínima irregularidad en la tragedia de Melilla y mucho menos de dejar el cargo por lo sucedido el 24-J porque todo fue culpa de los propios inmigrantes, que «de forma organizada y ejerciendo la violencia» trataron de forzar el perímetro en un «intolerable intento de agresión» a la frontera. «Piedras, hachas y palos, mazas, radiales»… el ministro se afanó en ilustrar la «violencia» de los 1.700 inmigrantes apiñados en la valla.

Grande-Marlaska se volcó en relacionar las muertes con la actuación de los subsaharianos, difuminando, de paso, los reproches a las fuerzas marroquíes. Según su relato, los fallecimientos se debieron exclusivamente al «embudo» que se formó cuando «cientos de personas» trataron de «superar simultáneamente» el vallado de la «zona de tránsito».

Se mostró además especialmente molesto con las «afirmaciones» de que «las personas que asaltaron de forma violenta lo hicieron ante la imposibilidad de pedir asilo». Se trata de una de las principales acusaciones del Defensor del Pueblo, quien vinculó el salto masivo a esos impedimentos al asegurar que es casi imposible reclamar protección en las legaciones españolas en Marruecos o que aquellos que no son marroquíes lleguen al paso de Beni Enzar donde hay una oficina para reclamar dicho asilo.

«Zona de tránsito»

El ministro encaró las acusaciones de que los fallecidos sí lo fueron en suelo español para desmentirlo con unos argumentos singulares. Insistió en que los «hechos se produjeron fundamentalmente en territorio marroquí» y sin «ninguna pérdida de vida humana en territorio nacional». Y todo ello porque los «límites entre los países están meridianamente claros desde hace muchos años» (sic) y que sentencias de las Audiencia Nacional, en síntesis, determinan que el «ámbito de actuación» de las fuerzas de seguridad es que el que fija la soberanía. Los informes del Catastro o del Instituto Geográfico Nacional que sitúan los hechos en España no tienen valor, según la exposición del ministro.

Aunque los vídeos publicados por este periódico certifican que gran parte de los cuerpos inertes tras la avalancha quedaron en la parte española de la cancela y que las fuerzas marroquíes tuvieron que entrar al patio de soberanía española, Grande-Marlaska incidió en que todo son falsedades. Ese área, objetó, es una «zona de tránsito» aunque en ningún tratado internacional se reconoce esa figura, como tampoco se admite la figura de la «tierra de nadie» que también ha utilizado.